Los días del odio
El sacerdote jesuita Carlos E. Correa, a la pregunta que le hiciera Yamid Amat en una entrevista publicada en El Tiempo, acerca de si hoy había odio en nuestro país, contestó que creía “que mucha gente que no ha vivido realmente el conflicto se mueve más desde una ideología del odio, pero no son las víctimas; eso me llama mucho la atención a mí, porque el que ha sufrido reconoce que no vale la pena que eso lo sufra otra persona”. Y acerca de si temía que la polarización que existe hoy en Colombia persistiera, manifestó categóricamente que sí, porque las palabras del papa Francisco no era lo único que iba a garantizar el cambio, porque “todos teníamos que trabajar más constante y permanentemente” para concretar su prédica de paz, perdón y reconciliación.
Y así estamos hoy en la incertidumbre de que la venida del Papa pueda llevarnos a una paz estable y duradera, porque los días del odio son de vieja data estimulados por la dirigencia política y las élites que no han vivido realmente el conflicto de violencia que ancestralmente hemos padecido, donde los muertos los han puesto el pueblo raso, especialmente los campesinos de esa Colombia profunda donde el Estado no ha hecho presencia, y cuando lo hace es para reprimir con violencia como ocurrió desde los tiempos de la hegemonía conservadora, antes y después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán con la famosa policía chulavita, enraizando ese odio de que habla el padre Correa que todavía persiste y que amenaza con continuar para que nos sigamos matando inútilmente, si el grueso de los colombianos a los cuales se dirigió Francisco no se imponen ante la cizaña y la patraña de los políticos que por ambiciones de poder quieren seguir cultivando la mortal ideología del odio.
Por eso es a esa grey que salió a recibir y a escuchar al papa desprovista de odio, y a la misma Iglesia católica las que le corresponde dar ese primer paso, cuando le llamara la atención a su jerarquía para que fungieran más como pastores que como políticos, cuando otrora aupara la violencia como lo dijera el filósofo y máster en ciencia política Leonardo Ramírez en una crónica de El Tiempo: “La historia de la Iglesia en Colombia ha tenido un doble filo. Baste recordar que su presencia fue en el pasado motivo de larga y cruenta división que ha afectado a la Nación y a la Iglesia misma. Fue un trauma histórico aún no verbalizado por un relato sanador de las razones del largo lastre de violencia que nos ha agobiado”.
Ya sabemos que fue la Iglesia la que estimuló al Partido Conservador en ese conflicto sangriento con el Partido Liberal que tantas vidas segara desde el siglo XIX, y ahora de la mano de ese pueblo victimizado tendrán que trabajar de manera constante para hacer realidad la paz y la reconciliación de que hablara el Papa que logre sanar las dolorosas heridas de la violencia, por encima de los intereses mezquinos de los codiciosos de la política.
