Locura y desprestigio electoral
Luego de este ejercicio de la democracia, si realmente así se puede denominar este mercadeo de votos, y esta forma de engañar y de ofrecer por doquier, que sigue cautivando incautos y sigue generando una inestabilidad institucional, nos permite muchas reflexiones que poco a poco, han de ser decantadas para establecer los derroteros requeridos por las comunidades, en un mañana no muy lejano, como se espera, antes de la debacle total, antes de la hecatombe final de nuestra sociedad.
El hecho de establecerse listas abiertas es uno de los pecados mortales con los que se atenta contra la participación ciudadana, por cuanto el ego y la forma de desprestigiarse entre los mismos candidatos de un partido, cobra dividendos muy altos, en el momento de la representación partidista, y se encuentran comodines que realmente no se corresponden al interés o a los objetivos de una representación ante el Congreso de la República.
Es necesario que se insista en definir formas electorales claras, donde los partidos tengan listas cerradas y para poder seleccionar el grado de participación en cada uno de dichos procesos, se sigan orientaciones precias que determinen desde las bases, la orientación y el reconocimiento de los liderazgos, y no que sea el fruto de las componendas o de la forma de imponer por parte de unos pocos, los candidatos que paguen el aval o que reciban la gestión de representación, sin méritos y sin proyección real en la vida pública y política como se corresponde.
Se hace necesario y fundamental a su vez, que haya postulados precisos y reglas de participación en la propaganda política para que en forma coherente se cuente con la validación en cada región, de la distribución de pasacalles o vallas y que estas a su vez, sean retiradas con un tiempo prudencia, de las vías públicas o de los escenarios de representación política.
Hoy, una semana después de las elecciones, es triste ver como las vallas publicitarias, la propagada política, como pasacalles, pendones y afiches colocados en la mayoría de las poblaciones del departamento del Huila, siguen ondeando, como si el proceso electoral no hubiera pasado y como si los Alcaldes, no hubieran adoptados formulas que pongan en cintura y sancionan ejemplarmente el desacato y sobre todo, la contaminación visual que ello representa, en un proceso electoral desgastante y sin vigilancia de PROCURADURIAS o entes de control.
Lo que tiene que ver con la pedagogía electoral es un tema de nunca acabar. Cómo es posible que los porcentajes de votos no marcados o votos nulos, al igual que los del voto en blanco, constituyan un gran número de electores, donde realmente lo que se ha descubierto es que mientras no aparezca la foto del candidato, la memorial colectiva en el momento de elegir, terminará por jugar una mala pasada al elector, quien por siglas o números, en tarjetones de varias páginas, hace nugatorio todo proceso electoral y terminan por confundir, hasta el punto que muchos aprovechan el espacio para jugar al tin marin y marcar al azar, a un determinado número , una casilla o un candidato que solucione su voto o su condición de elector.
Finalmente consideramos que la ausencia de una cultura política y el fermento de la corrupción y la politiquería que ha acompañado este proceso electoral, son un detonante que cobra costosos dividendos en esta historia, donde una democracia de papel, con una Constitución hecha a retazos y según las conveniencias del gobernante de turno, ha convalidado la continuidad de los congresistas de la República y a desnudado parte de la idiosincracia que silencio para siempre toda posibilidad de regresar por los cauces de la moralidad y de los valores ciudadanos, perdidos día a día, por una sociedad sin rumbo y sin destino.
