Opinión/ Creado el: 2019-01-05 02:02
Lo que nos deja el 2018
Terminó el año 2018 y con él se da inicio a lo que consideramos la inaplazable necesidad de sincerar los grandes retos ambientales de Colombia. El año que terminó recientemente nos dejó muchas lecciones, torpes si no las identificamos y aprendemos de ellas.
¿Qué nos dejó el año 2018? Empecemos precisamente por la ausencia de sincerar nuestros problemas ambientales, ponerlos en sus justas proporciones y desde ahí empezar a solucionarlos de una vez por todas. Especialmente no hemos sido capaces de hacer una lista de prioridades, pues con tantos retos y escases de recursos económicos que tenemos, es imperativo definir una visión estratégica de largo plazo (política pública). Con ella encaminarnos decididamente a resolver uno a uno los escollos, pero estructuralmente; ya no soportamos estar recurrentemente alarmándonos de los problemas pero no irlos resolviendo definitivamente.
En segundo lugar el período pasado dejó la sensación de que todos nuestros problemas ambientales son conflictos sociales. Esto no es, ni puede ser un asunto de ideologías, sino de consciencia de que debemos estar todos del mismo lado para conservar o recuperar los recursos naturales renovables y el entorno ambiental. Absurdo enfrentarnos. Entre otras razones que podríamos mencionar, porque lo hacemos respecto de la vida de todos. Pero más absurdo e injustificable es hacer estratificaciones sociales para atender de una u otra manera lo ambiental. ¿Qué diferencia existe en un hombre pobre o uno rico, si ambos incurren en el mismo comportamiento afectando lo que necesita toda la sociedad para vivir y vivir bien (sanos)?
En tercer lugar ya es fundamental igualar las responsabilidades frente a la conservación y recuperación ambiental. Eso de poner a ganaderos contra petroleros, mineros contra administradores de acueductos, ricos contra pobres, incluso, mujeres contra hombres, no solo impide que solucionemos de verdad los problemas sino que polaricemos innecesaria y perversamente; afecta al medo ambiente y afecta a la sociedad. Como decíamos atrás, convertimos los problemas ambientales en problemas sociales y ahí empezamos por agravarlos y por supuesto postergar la solución.
En cuarto lugar no puede aplazarse más la definición, alinderamiento y protección eficaz de las áreas protegidas y estratégicas. Parques nacionales y regionales, santuarios de flora y fauna, y páramos son fundamentales para la seguridad ambiental, alimentaria y económica nacional. Primero definirlos y alinderarlos técnicamente (eso no se solicializa) y luego, al menos en estos, evitar la mayoría de las actividades antrópicas. Eso de permitirlas, es decirnos mentiras en la protección.
¿Qué nos dejó el año 2018? Empecemos precisamente por la ausencia de sincerar nuestros problemas ambientales, ponerlos en sus justas proporciones y desde ahí empezar a solucionarlos de una vez por todas. Especialmente no hemos sido capaces de hacer una lista de prioridades, pues con tantos retos y escases de recursos económicos que tenemos, es imperativo definir una visión estratégica de largo plazo (política pública). Con ella encaminarnos decididamente a resolver uno a uno los escollos, pero estructuralmente; ya no soportamos estar recurrentemente alarmándonos de los problemas pero no irlos resolviendo definitivamente.
En segundo lugar el período pasado dejó la sensación de que todos nuestros problemas ambientales son conflictos sociales. Esto no es, ni puede ser un asunto de ideologías, sino de consciencia de que debemos estar todos del mismo lado para conservar o recuperar los recursos naturales renovables y el entorno ambiental. Absurdo enfrentarnos. Entre otras razones que podríamos mencionar, porque lo hacemos respecto de la vida de todos. Pero más absurdo e injustificable es hacer estratificaciones sociales para atender de una u otra manera lo ambiental. ¿Qué diferencia existe en un hombre pobre o uno rico, si ambos incurren en el mismo comportamiento afectando lo que necesita toda la sociedad para vivir y vivir bien (sanos)?
En tercer lugar ya es fundamental igualar las responsabilidades frente a la conservación y recuperación ambiental. Eso de poner a ganaderos contra petroleros, mineros contra administradores de acueductos, ricos contra pobres, incluso, mujeres contra hombres, no solo impide que solucionemos de verdad los problemas sino que polaricemos innecesaria y perversamente; afecta al medo ambiente y afecta a la sociedad. Como decíamos atrás, convertimos los problemas ambientales en problemas sociales y ahí empezamos por agravarlos y por supuesto postergar la solución.
En cuarto lugar no puede aplazarse más la definición, alinderamiento y protección eficaz de las áreas protegidas y estratégicas. Parques nacionales y regionales, santuarios de flora y fauna, y páramos son fundamentales para la seguridad ambiental, alimentaria y económica nacional. Primero definirlos y alinderarlos técnicamente (eso no se solicializa) y luego, al menos en estos, evitar la mayoría de las actividades antrópicas. Eso de permitirlas, es decirnos mentiras en la protección.
