Lo ético y lo legal
Fernando Bermúdez Ardila
Nos hemos acostumbrado a decir que hay una pequeña línea entre lo ético y lo legal, la verdad es que existe una brecha enorme entre la una y la otra, aunque las dos son reprochables e inaceptables y el que su distancia sea tan larga siempre se minimiza con el único fin de confundir minimizando el impacto de lo que se puede y no se debe hacer. Así sea en direcciones opuestas, las dos conducen a un mismo camino, a un mismo mal, a las profundidades de la corrupción.
La corrupción comienza con el elector primario, el ciudadano que vende su voto por cincuenta o cien mil pesos y un plato de lechona o un tamal, esa fue su decisión, sólo volverá a ver a su elegido cuando falten unos pocos días para las próximas elecciones para refrendar el acuerdo del cuatrienio anterior, esto no es ni ético ni legal, siendo tan corruptos el elegido como el elector.
Está prohibido que en segundo grado de consanguinidad y cuarto de afinidad dos o más miembros de una familia hagan parte de una corporación legislativa para evitar el nepotismo político y como hecha la ley hecha la trampa, dos hermanos se hacen elegir en listas diferentes para asistir a la misma corporación, es legal, pero no es ético y por lo tanto hace parte de la corrupción, de esta forma se le hace conejo al espíritu de la ley. El empleado que va al médico para que le expida una incapacidad medica y no ir al trabajo por uno o varios días, y médicos que expiden incapacidades sin valorar las consecuencias y los daños que causan a los empresarios y empleadores, esto no es ético, ni legal, es corrupción.
En el imaginario popular existe la creencia de que la corrupción de nuestro país es ejercida única y exclusivamente por quienes ostentan el poder en las tres ramas, el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Qué la corrupción exista en los poderes municipales, departamentales y nacional es cierto.
El saqueo a las arcas del estado es conocido ampliamente por todos y cada uno de los cuarenta y ocho millones de ciudadanos de nuestro país, lo hacen por que es la costumbre del ejercicio político, según estadísticas el 30% del presupuesto nacional o sea casi cien billones de pesos, hace parte del despilfarro, dádivas, sobre costos, etc.
Esto sin tener en cuenta el saqueo también a las arcas departamentales y municipales, que sumados podrían ascender a los ciento sesenta o billones de pesos. Si la corrupción no existiera, o existiera en sus justas proporciones como lo dijo el expresidente Julio César Turbay Ayala, el país en pocos años pagaría la deuda social que tiene con sus habitantes y la deuda externa que tanto agobia al pueblo y hablan los gobernantes como justificación para hacer reformas tributarias recurrentes, cargando de más impuestos a la ya pesada tributación que padecemos.
Resumiendo: la corrupción, la falta de ética en nuestro país comienza con quien vende el voto y con quien lo compra. Ya lo dice el conocido refrán. “Tan pecador es el que peca por la paga y el que paga por pecar “
