Lesivo incremento de los combustibles
Hemos sido reiterativos en esta Casa Editorial, que la política económica errada del gobierno nacional, de seguir persistiendo con la decisión de subir mensualmente y sistemáticamente el precio de referencia de los combustibles, es el más grave golpe que sufre el bolsillo de los colombianos, entre la gran escalada de las alzas de los bienes y servicios que demanda la sociedad colombiana, durante el presente año. El Ministerio de Minas y Energía, determinó que el precio de referencia de venta al público fuera incrementado en 153 pesos el galón de gasolina, llegando a 9.042 pesos, convirtiéndose en el mayor reajuste histórico de este derivado del petróleo, que, desde abril del 2012, no se registraba, cuando el galón se ubicó en 9.040,41 pesos. De acuerdo con la absurda justificación oficial, esta alza se debe al descenso del dólar, que hace parte de la fórmula con la que se calcula el valor del galón, debido a que no contribuyó a compensar la ecuación, no solo porque solo ha bajado 1,8 por ciento entre octubre y noviembre, sino porque la ponderación en la fórmula es menor.
Mensualmente esta medida emitida por el gobierno nacional se convierte en un calvario para el sector transportador y de los dueños de vehículos particulares, por el alza del precio de los combustibles, porque afectan la estructura de los costos de producción de los bienes y servicios en la economía colombiana. Los combustibles forman parte de los insumos más significativos, dentro de la escala del valor de las materias primas en las organizaciones empresariales, debido al transporte y a la movilización de las mercancías que produce la industria nacional.
El Estado ha encontrado la forma más fácil de extraer recursos monetarios a toda la sociedad colombiana, para fortalecer sus finanzas públicas mediante el aumento mensual de los combustibles manifestando como disculpa, que se deben indexar a los precios internacionales del petróleo, al precio del dólar y al incremento de la tasa de inflación, lo cual se convierte en un sofisma de distracción para el pueblo colombiano que no cree en tales justificaciones. Estas medidas contribuyen a deteriorar los exiguos ingresos de las familias colombianas, que se traducen en un menor consumo, por la creciente pauperización que se está presentando, que se ve reflejada en la disminución paulatina de las ventas que reportan los gremios de la producción, así el equipo gubernamental, no lo quieran aceptar. La demanda interna se ve afectada, creando con ello, una disminución de las ventas de bienes y servicios que tienen como consecuencia el desempleo, como lo reflejan las estadísticas oficiales emanadas del Dane. Y todavía preguntan: ¿por qué la mayoría de la población presenta una apatía electoral para participar en los próximos comicios?
