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Opinión/ Creado el: 2020-07-18 02:02

Lecciones del Páramo de Pisba

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | julio 18 de 2020

Por Álvaro Hernando Cardona González

Una investigación de la Universidad Nacional, apoyada por el Ideam, publicada por la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia, liderada por la magíster en Geografía Luisa Guerrero Castelblanco, pero en nuestro caso, consultada en entreojos.co (web especializada de Boyacá), alerta sobre los impactos causados por el calentamiento global, las actividades agrícolas y pecuarias, y la minería en el deterioro ambiental de los páramos.

El estudio se concentra en el análisis del Páramo de Pisba que tiene un área de 106.243 ha, de las cuales, unas 45.000 forman parte del Parque Natural Nacional de Pisba (declarado en 1977)  que incluye los municipios de Socha, Socotá, Tasco y Mongua, en el oriente de Boyacá. Seguramente escogido por ser una gran reserva hídrica y ser una zona con valor histórico por haber sido paso para la Campaña Libertadora.

Recordemos que los páramos son ecosistemas de alta montaña y poseen  características únicas; especialmente derivadas por ser parte esencial del ciclo del agua y el carbono; es decir, prestan servicios de provisión y regulación del agua, limpieza del aire y la regulación del efecto invernadero de la atmósfera, por su capacidad para retener carbono.

El problema social que se presenta allí para asegurar la conservación y recuperación, surge porque como sucede con otras áreas, los colombianos primero ocupamos el territorio con valor ambiental y luego queremos recuperarlo. Pero más grave quizás es que mientras el sentido común indica que hay que excluir la presencia antrópica de allí (ella es la que hizo y sigue haciendo el daño) las políticas públicas, las normas y acciones pretenden evitar eso.

Una de las conclusiones del estudio que comentamos atrás es “Por estas razones, es importante proteger el páramo, preparar a las comunidades y fortalecerlas en su adaptación a las nuevas condiciones”. En otras palabras, evitamos lo inevitable por temor a afectar a las comunidades asentadas en estas áreas tan importantes para toda la sociedad y el planeta. Incluso es contradictorio, en los estudios siempre se llega a la conclusión de que “Las características sociales y económicas de la región hacen que los pobladores sean vulnerables”.

No nos mal interpreten. Por supuesto no puede diseñarse un eficaz sistema de protección ambiental sin participación ciudadana y menos, sin garantizarla a los afectados. Precisamente es por ellos que no deben malgastarse los recursos en “intentos” por mejorar las condiciones de las comunidades y al mismo tiempo las de los ecosistemas. Eso es enormemente costoso e inútil salvo contadísimas excepciones (indígenas, por ejemplo). Por postergar la solución, generamos más conflictos. Aprendamos.