Opinión/ Creado el: 2018-12-01 02:30 - Última actualización: 2018-12-01 02:32
Las protestas como ejercicio de un derecho
Por: Luis Humberto Tovar Trujillo
En nuestro país, se ha vuelto deporte nacional, realizar actividades para demostrar descontento por todo; hasta contra la madre que los parió, para significar muchas veces la irracionalidad de la protesta, y la utilización deliberadamente atroz, para causar perjuicio a los demás, faltando a lo esencial, respetar el derecho ajeno.
Es la acción y efecto de proclamar o declarar un propósito, expresar impetuosamente una queja o disconformidad. Las protestas pueden manifestarse a través de una marcha, una manifestación, una carta pública, pero lo que nunca podemos aceptar, es acudir a expresiones violentas, afectando patrimonios ajenos, que nada tienen que ver, por lo general, con los propósitos de quienes tienen un interés directo y personal en esas actividades, así sean nobles y altruistas.
Es innoble y ruin, por tanto, toda protesta que acuda a la violencia como argumento para demostrar que no se está de acuerdo con decisiones, generalmente de los gobiernos, y con mayor razón acuden a la ruindad, quienes convocan a esas manifestaciones de protesta, sin la capacidad suficiente para controlar la multitud, con el fin de hacer respetar el derecho ajeno.
Utilizar a los ciudadanos para realizar protestas, con intereses deliberadamente políticos de sus autores intelectuales, pero que tratan de ocultar, para satisfacer opciones fracasadas, e inducir a las personas a la reiteración del fracaso y a conquistas imposibles por lo ilógicas e irracionales, es un acto demencial y atentatorio contra los derechos de los demás.
Existe una tendencia de unas minorías absurdas, de convocar protestas contra actuaciones de un gobierno, como el nuestro, que solamente lleva escasos 100 días de ejecutorias, para hacerlo culpable de los males endémicos de nuestro país y de la sociedad, donde los mismos que protestan son igualmente los mismos responsables de esos males, en el cinismo mas descarado, que hacen absurda la protesta.
Mas grave aún, cuando los manifestantes en un acto de cobardía, se cubren sus rostros, porque deliberadamente tienen la violencia como soporte de sus irracionales protestas, para enfrentar al Estado y un gobierno, en un acto delincuencial por excelencia; conductas estas, que solo conducen a que el Estado en la utilización legitima de la fuerza, propia del poder otorgado por la Constitución y la ley, responda en defensa de la legitimidad institucional como le corresponde.
No debe ser de buen recibo, desconocer y tratar como arbitrario un gobierno, que actúa legítimamente en defensa del interés colectivo que es su propia legitimidad institucional.
En nuestro país, se ha vuelto deporte nacional, realizar actividades para demostrar descontento por todo; hasta contra la madre que los parió, para significar muchas veces la irracionalidad de la protesta, y la utilización deliberadamente atroz, para causar perjuicio a los demás, faltando a lo esencial, respetar el derecho ajeno.
Es la acción y efecto de proclamar o declarar un propósito, expresar impetuosamente una queja o disconformidad. Las protestas pueden manifestarse a través de una marcha, una manifestación, una carta pública, pero lo que nunca podemos aceptar, es acudir a expresiones violentas, afectando patrimonios ajenos, que nada tienen que ver, por lo general, con los propósitos de quienes tienen un interés directo y personal en esas actividades, así sean nobles y altruistas.
Es innoble y ruin, por tanto, toda protesta que acuda a la violencia como argumento para demostrar que no se está de acuerdo con decisiones, generalmente de los gobiernos, y con mayor razón acuden a la ruindad, quienes convocan a esas manifestaciones de protesta, sin la capacidad suficiente para controlar la multitud, con el fin de hacer respetar el derecho ajeno.
Utilizar a los ciudadanos para realizar protestas, con intereses deliberadamente políticos de sus autores intelectuales, pero que tratan de ocultar, para satisfacer opciones fracasadas, e inducir a las personas a la reiteración del fracaso y a conquistas imposibles por lo ilógicas e irracionales, es un acto demencial y atentatorio contra los derechos de los demás.
Existe una tendencia de unas minorías absurdas, de convocar protestas contra actuaciones de un gobierno, como el nuestro, que solamente lleva escasos 100 días de ejecutorias, para hacerlo culpable de los males endémicos de nuestro país y de la sociedad, donde los mismos que protestan son igualmente los mismos responsables de esos males, en el cinismo mas descarado, que hacen absurda la protesta.
Mas grave aún, cuando los manifestantes en un acto de cobardía, se cubren sus rostros, porque deliberadamente tienen la violencia como soporte de sus irracionales protestas, para enfrentar al Estado y un gobierno, en un acto delincuencial por excelencia; conductas estas, que solo conducen a que el Estado en la utilización legitima de la fuerza, propia del poder otorgado por la Constitución y la ley, responda en defensa de la legitimidad institucional como le corresponde.
No debe ser de buen recibo, desconocer y tratar como arbitrario un gobierno, que actúa legítimamente en defensa del interés colectivo que es su propia legitimidad institucional.
