Las niñas ni se “compran ni se venden”
Por Néstor Pérez Gasca
nestorperezabogado@gmail.com
Me aturde las desfachatez e insensato escenario en el cual se “venden” a las mujeres (sobre todo las menores de edad) al mejor postor, como si se tratase de un rumiante bóvido en feria de pueblo, lo anterior evidencia que seguimos atrapados en una vergonzante esclavitud en donde le otorgamos un precio inclusive a la dignidad ajena, si bien es cierto que en la Guajira Colombiana existen algunas tribus que culturalmente han consentido el uso de la “dote”, la cual se ha establecido por los usos y costumbres de las etnias, no es menos cierto que esta practica entre los Wayuu, en donde se entregan elementos como ganado y collares que no solo tienen un valor material, sino, que gozan de una valoración estética y simbólica, en donde el fin de esta practica es proteger el futuro patrimonial de la mujer y la de sus hijos, en caso de alguna contingencia (de su cónyuge), es decir esta tradición opera como funciona un sistema de póliza de seguros en la cual el riesgo asegurado es la ocurrencia de alguna calamidad o vicisitud que pueda acontecer durante o después de las nupcias.
Lo aterrador del asunto es la perversión y mal uso de la misma, con la cual están desdibujando y clausurando una practica patrimonial y étnica, para aprovecharse del estado de debilidad en el cual se encuentran muchas niñas y mujeres en nuestro País, demuestra lo anterior lo ruin que podemos llegar a ser los seres humanos que somos capaces de corromper las tradiciones culturales para satisfacer las pataletas de aquellos sociópatas y depredadores sexuales, creo que uno de los peores vejámenes en la historia de nuestros amerindios, ha sido corromper el corazón de aquellos cuidadores ancestrales de la tierra, “transmutando” ese amor por lo sagrado y tradicional a cambio de la avaricia y la mezquindad, para satisfacer el apetito sexual de los facinerosos del “amor”.
Pero casi todo sociópata se origina por la “ausencia” de sus padres, algunos porque nacieron sin ellos y otros porque a pesar de haber nacido con ellos, crecieron en un mundo de atiborrada alcahuetería, en la cual ha sido cómplice la clase alta Colombiana aceptando e incentivando la conducta de niños “abusadores”, en algunos casos estas elites estimulan a los niños para que se sientan superiores a los demás, y la mayor parte del tiempo estos niños poco o nada se les enseño los limites y las reglas, nunca se les enseñó a tolerar la palabra no porque el “príncipe” o la “bendición” reacciona con un estrepitoso berrinche. Por situaciones así nacen personas como Rafael Uribe Noguera quien apago la “luz” de la niña Yuliana Samboní en un macabro y vil crimen, por último, considero que no debemos olvidarnos que los niños y niñas lo que más necesitan es Amor para ser felices, y esto incluye enseñarles que para ser felices no todo lo pueden tener, hacer o deshacer.
