Las mujeres de la rosa blanca
Por: Jesús Andrés Vargas Gutiérrez
Reclutadas, violadas y aterrorizadas, esa es la historia de cientos sino miles de mujeres que desertaron de las filas de las FARC y cuyas historias apenas hoy y de manera tímida se van conociendo.
Es la Corporación Rosa Blanca, una organización sin ánimo de lucro que se encarga de dar acompañamiento y magnificar la voz de aquellas mujeres que fueron víctimas de toda clase de atrocidades siendo casi invisibles para el Gobierno Nacional.
Su nombre no puede ser mas diciente “Rosa blanca” la respuesta satírica al logo adoptado por las FARC.
Una rosa blanca, que en su palidez y fragilidad demuestra fortaleza plantando cara y haciendo una resistencia pacífica a la idea de que los principales cabecillas de las FARC ocupen curules en el Congreso Nacional.
Así lo han hecho en diferentes foros y eventos públicos en dónde la nueva organización política Fuerzas Alternativas Revolucionarias del común, han negado rotundamente cualquier tipo de vinculación con abortos sistemáticos o violaciones dentro de sus filas.
La Corporación ha sido blanco de toda clase de críticas por parte del antiguo secretariado de las FARC, tildándolas de mentirosas o compradas, adeptas a una corriente política distinta, de allí las “ganas de sabotear” su proyecto político.
Lo cierto es que lejos está de ser así, La Rosa Blanca ha sido, el puerto seguro al que han llegado todas aquellas mujeres que vivieron las atrocidades de la confrontación armada, y que hoy no sólo llevan las heridas de la guerra presentes en su cuerpo sino también en su mente.
Basta no más con visitar su página de twitter, para empezar a revivir los testimonios mas desgarradores de las víctimas del conflicto.
“Seria muy duro ver a mis violadores gobernando” decía Sara Morales en un foro celebrado para poner de presente las falencias que tiene la JEP a la hora de generar verdadera justicia en temas de violencia de genero.
Ella quien en medio del llanto cuenta como fue arrancada de su nucleo familiar a la edad de 11 años, sabe de antemano que los únicos que tenían poder de disposición frente a la “carne fresca” que llegaban a las filas son los altos mandos de la organización. De hecho, cualquier interacción sentimental entre guerrilleros rasos era duramente sancionada.
Las mujeres eran entonces carne de cañón, informantes y por supuesto juguetes sexuales que por ningún motivo podían quedar embarazadas so pena de ser obligadas a abortar sin importar el número de semanas que tenían.
La Rosa Blanca no es excluyente, y aunque el fenómeno de reclutamiento y violencia contra la mujer dentro del conflicto se dio mayoritariamente en las guerrillas, también hubo casos graves en el toldo del paramilitarismo, es por eso que la Corporación ha celebrado la Sentencia de la Corte Constitucional que obliga al Estado a indemnizar a las víctimas de la Masacre de El Salado, perpetrada por las AUC.
Un triunfo que sienten como propio, pero que deja ese sabor agridulce sabiendo que en la JEP las cosas no son igual de esperanzadoras.
La Rosa blanca debe ser un símbolo conocido y apoyado por todos los colombianos.
