Las máscaras
¡Qué significativo! En griego la palabra española persona se le denominó ´máscara´= Προσοπον = persona. Pareciera, entonces, que la personalidad se manifestaría como una estrategia acomodada a las circunstancias, -bueno, el latín utilizó la palabra y la enriqueció con otro significado-. En todo caso en la praxis conductual, el hombre, con frecuencia es un grande hipócrita, tiene personalidad de camaleón, es decir, se mimetiza simulando el color del ambiente para ser ignorado. Hay personas que saben manejar ‘muy bien´ su máscara. Personas que en la oficina o en la vida pública, pasan como gentilhombres y en su hogar son unos truhanes de miedo. Saben manejar muy bien el circo de la vida; emplean el escenario de la vida con habilidades asombrosas; hay que ser muy sutiles para descubrírselas. Se parecen a los domesticadores de cobras que logran sus objetivos exponiéndose a miles de peligros con tal der sacar tajada. Cuídate mucho de este tipo de personas que a través de una lisonja va el veneno de la división y del engaño. Definitivamente el engaño es el hijo predilecto del demonio. El disfraz es la carta de presentación del mentiroso. Un mentiroso defiende una mentira con otra mentira. Esas personas dobles aparecen en los diferentes escenarios de la vida pública y privada. Así que, no basta ser bueno, hay que ser astutamente bueno. Son personas que aparecen en el pleamar y desaparecen en el bajamar. Definitivamente me caso con personas trasparentes. El agua limpia deja ver los residuos que hay en el fondo; no se trata, entonces, de encontrar personas perfectas: lo hermoso de una persona, no es su máscara, es su trasparencia. Un amigo no es aquel que no tiene defectos, sino que a pesar de los mismos, permanece el afecto: el amor por encima de las trivialidades de la vida. En cambio la persona que juega a dos cartas, es la que debemos descubrir para no caer en sus fauces. El colectivo cultural ha llegado al cinismo de la inmoralidad. La máscara ha llegado al escenario de la moralidad. Hoy se ve normal: matar a los niños en el vientre materno, -crimen que no ‘cometen’ ni los animales más salvajes de la jungla-; se ve normal poner peajes en las obligaciones laborales que he contraído. El robo cada día se convierte en un hecho normal; como vamos, la honestidad quedará como un archivo vetusto de exhibición en los museos de antropología. Hasta tal punto que a la persona honesta se le llama ‘boba’. Quien es fiel al compromiso matrimonial es un tonto que no sabe aprovechar la juventud y el dinero. Esta es una sociedad enferma que está labrando su propia tumba. Quienes opinamos lo contrario somos tildados de trogloditas y enchapados a la antigua. La máscara del hombre ´trabajador’, es otra máscara frecuente: aprovecha de sus habilidades para explotar a los indefensos y cuando puede evadir las leyes laborales, lo hace olímpicamente, presentando la máscara de la honestidad. ¡Qué cinismo! La máscara del hombre ´fiel´ a su matrimonio y cuando tiene oportunidad, hace alarde de conquistador para probar su vitalidad sexual. ¡Pobre tonto en lo que centra su grandeza!
