Las elecciones del Congreso
Para usar una expresión muy conocida de las carreras de caballos que ha sido trasladada al escenario electoral podríamos decir que “ están todos en el partidor”, con lo cual se entiende que para el de marzo próximo los partidos y movimientos definieron sus listas y candidatos para el Senado y la Cámara.
La primera observación que podríamos realizar es que para desfortuna de la maltrecha democracia, la gran mayoría optaron por el mecanismo de las listas abiertas y con voto preferente, hecho que sin duda alguna contribuye a la clientelización de la política; el cual es uno de los factores que ha corrompido el sistema electoral incrementando el desgaste de los partidos, al punto que la gran mayoría de los candidatos presidenciales han rechazado los avales de sus colectividades y optaron por el sistema de recolección de firmas.
En éstas circunstancias es evidente que la controversia ideológica que caracteriza a la democracia es reemplazada por la pugna personalista de los candidatos que buscarán a toda costa su propia supervivencia política, siendo entonces la curul un trofeo personal que habrá de valorizarse durante su ejercicio, donde los intereses colectivos serán sustituidos por los individuales, acrecentando la pérdida de confianza y de credibilidad en la política y en el Congreso como pilar esencial del sistema democrático.
Pero quizás lo más grave de todo es que el voto preferente obligará a que la financiación de tales candidatos sobrepase con creces los límites y condiciones legales, permitiendo el ingreso de dineros de dudosa procedencia, negociando apoyos regionales para la circunscripción nacional del Senado; pues bien se sabe que los controles no operan y los antecedentes indican que se acrecienta la compra de votos y hasta de jurados.
No son pues halagadoras las circunstancias anunciadas para que el ciudadano pueda esperar la anhelada y urgente purificación del sistema político y electoral, lo que permite prever que por una parte se incremente la abstención y que por la otra crezca significativamente el voto en blanco.
En relación con las circunscripciones territoriales para elegir los representantes a la Cámara, es muy factible que muchas de las listas no alcancen el umbral que les permita acceder al reparto de las curules respectivas.
El ingreso de las Farc a la competencia electoral genera expectativa frente al resultado de sus listas aunque por el AF ya tienen aseguradas 10 curules. Las otras 16 de las llamadas circunscripciones especiales de paz destinadas presuntamente para las víctimas del conflicto, han quedado congeladas por la prudente decisión del legislativo dirigida a evitar que éstas curules las obtengan los victimarios, dado que en tales áreas geográficas aún imperan la violencia, el narcotráfico y la minería criminal.
En aras de la objetividad es también necesario reconocer que algunos partidos y movimientos se preocuparon por avalar candidatos serios y respetables, los cuales constituyen la excepción de la regla, generando una esperanza razonable en que no todo esta perdido, quedándole entonces al elector la ineludible obligación de discernir y escoger a quienes realmente merecen el respaldo por su trayectoria personal y política decente, honesta y de auténtica vocación de servicio.
Para tal discernimiento es indispensable recordar que las funciones del congresista se limitan a elaborar las leyes; hacer control político y representar los intereses nacionales y regionales que nada tienen que ver con puestos, contratos ni mermelada, factores que corrompieron la noble actividad política.
En conclusión, hay que escoger con rigores de exigencia ética y verdadera capacidad de servicio, si en realidad queremos derrotar el cáncer de la corrupción política y de la inequidad social, para que de ese partidor salgan elegidos los mejores caballos , sin jinetes que les condicionen sus conciencias.
