Las dictaduras de las minorías
En hora buena el hombre, dentro de su proceso cultural, descubrió el valor de la democracia que, como su nombre lo indica, -raíz griega- es el gobierno del pueblo. Desde la época ateniense, cuatrocientos años antes de Jesucristo, siendo la democracia, un ideal de gobierno, resulta un sistema muy frágil por la maldad del hombre, su ambigüedad axiológica y su capacidad de engaño y de mentira, anteponiendo los intereses personales, a los intereses colectivos. ¡Ah, el hombre tan ambicioso en todos los tiempos! En nombre de la democracia se han cometido muchos atropellos a la dignidad de la persona humana. Si bien es cierto que en una democracia madura gobiernan las mayorías, éstas, en un sano actuar político, deben respetar a las minorías; las mayorías no dan derecho a pisotear los derechos de las minorías. Las creencias de un pueblo, sus visiones antropológicas, sus lecturas de la realidad pueden ser disímiles o diferentes mejor, lo cual no permite que se menosprecie los modos de pensar distinto al conglomerado mayoritario. Pero tampoco es sano, pasarnos al otro extremo, como se pretende y de hecho se ha impuesto, que las minorías impongan sus criterios sobre las mayorías, todo en aras al respeto a la libertad de pensamiento. Se aplica la ley del embudo: lo ancho para mí y lo angosto para usted. ¡Olímpico criterio, ¿verdad?! En cuestión religiosa, en el caso de nuestro país, la mayoría profesa la fe en Jesucristo; los ateos y agnósticos, merecen nuestro respeto, pero, a su vez, nosotros los creyentes también tenemos derecho a expresar públicamente nuestra fe. No podemos caer en el sofisma de distracción en que, por respetar los derechos de las minorías, reduzcamos nuestras expresiones religiosas al ámbito de lo meramente privado. Hemos llegado a un cristianismo vergonzante en donde los tibios creyentes, se comen el anzuelo y silencian el irrespeto a las expresiones públicas o privadas de sus creencias. Si se aplicara el tan cacareado “derecho a la igualdad”, ¿por qué no se aplica el mismo principio al Consejo Nacional Electoral? En ese orden, en ese colegiado deberían estar representados todos los partidos y movimientos políticos. No, allí sí se aplica el principio de la proporcionalidad. En concordancia con el número de votos y por ende de curules, los partidos tienen en tal ente su representación. Ese debería ser el principio democrático para la aplicación de las normas procedimentales. Los creyentes cristianos católicos somos la mayoría, -lo cual no nos da derecho a irrespetar a los demás- entonces, ¿por qué hemos sido desplazados de las instituciones públicas y se quiere mutilar al hombre, quitándole la posibilidad de expresar su fe a través de sus símbolos religiosos? En una sana antropología, el hombre es un ser semiótico por naturaleza: su lenguaje escrito y oral están cargados de símbolos. Más aún, toda la expresividad humana está cargada de simbología. Es de la esencia del hombre tener creencias. ¿Por qué la ciudad secular está sacando de la vida pública toda expresión religiosa? Eso es castrar al hombre. Señores “defensores de los derechos humanos”, respétenos el derecho a creer. Los totalitarismos de todo pelambre son nefastos.
+ Froilán, obispo de Neiva
