Las confecciones y la defensa de la industria Nacional
Observé con atención la audiencia pública en la Comisión V del Congreso Nacional, convocada para tratar la crítica situación de la industria textil y de confecciones que viene progresivamente decayendo, casi acabándose, por la competencia desleal ejercida desde países, principalmente asiáticos, con los que no existen acuerdos de comercio y en los que se tienen condiciones laborales esclavistas que hacen imposible competir formalmente por los empresarios colombianos.
El problema de los confeccionistas es generalizado para toda la industria nacional y el sector agrícola, poco a poco han ido cerrando fábricas, acabando cultivos y dejando de generar empleos. La explicación es sencilla, nadie quiere hacer productos o manufacturas que no pueden poner en el mercado con alguna utilidad que justifique la inversión y el riesgo asumido. Es más fácil y menos riesgoso importarlo o simplemente invertir su capital en el mercado especulativo financiero. Algunos dirán “ese es el mercado y lo que no sea competitivo que se acabe”, no obstante, esas personas no están tomando en cuenta que la competencia debe ser leal y entre iguales, si nuestro salario mínimo es tres veces más que el de Bangladesh y casi el doble de China no estamos compitiendo en las mismas condiciones, por ende, debe el estado equiparar esas cargas vía aranceles.
Un país no puede desarrollarse ni generar riqueza sin una industria nacional fuerte. Garantizar la comida así como el vestido para sus ciudadanos es un asunto esencial para el Estado, por eso en muchos países los cultivos y la industria manufacturera son protegidos y subsidiados y después de abastecer el mercado nacional los excedentes son exportados. En Colombia cualquiera lo piensa dos veces antes de sembrar o confeccionar, pues además de todos los problemas inherentes a la actividad, corre el riesgo de que vía importación lleguen excedentes a muy bajo costo con los que no pueda competir. En la industria nacional el problema adicional es que los costos del país, derivados del valor de los salarios, el costo de la energía (10 o 20 veces más que en China o Bangladesh), los fletes, el dumping ambiental etc., hacen imposible competir de tú a tú con las mercancías provenientes de esos mercados.
Sí no cambiamos nuestra política pública e iniciamos de inmediato una defensa integra de nuestra industria nacional iremos directo a la debacle como país, Trump lo está haciendo en Estados Unidos, China y los países europeos la tienen clara y no ceden un ápice en lo que pueda afectar su industria y mercado interno, mientras, en Colombia seguimos inermes viendo cómo se destruye nuestro aparato productivo y el empleo, a tal punto, que nos vamos a quedar siquiera sin quien tenga la capacidad de consumir lo traemos y menos lo que hacemos.
