Las cacerolas
Por María del Carmen Jiménez
El sonido de las cacerolas se empezó a escuchar con fuerza en la noche del 21 de noviembre como expresión y grito de un pueblo que despierta ante tanta injusticia y desgobierno. De manera espontánea en balcones y calles de algunas ciudades de nuestro país, cacerola en mano, hombres y mujeres de bien se manifestaron en apoyo a la jornada de protesta pacífica realizada durante el día. La cacerola es un instrumento que todos pueden tocar, se convierte así en un elemento de empatía, en ideal de equidad, de reparación, de paz, de solidaridad con el otro frente a la inequidad y la indiferencia del estado. Sin duda la inteligencia social en Colombia despertó, empezó a construir colectivos capaces de caminar juntos para expresar su inconformidad y descontento.
Vendrán seguramente muchas noches y días con conciertos de cacerolas en el marco de la protesta colombiana originada, entre otras causas , por el desempleo, la ausencia de oportunidades para los jóvenes, el colapsado e ineficiente sistema de salud, los graves problemas de financiación de la educación pública, la violación de los derechos humanos evidenciados en crímenes sistemáticos de líderes y lideresas sociales e indígenas, la inequidad que ha convertido a Colombia en el segundo país más desigual de América Latina, la negligencia del actual gobierno en la implementación de los Acuerdos de Paz y los anuncios de una reforma laboral y pensional antipopulares para favorecer los intereses de los grupos financieros .
No le funcionaron al gobierno y su partido las amenazas, los fantasmas y nuevos enemigos que crearon como el foro de Sao Paulo para generar miedos, para deslegitimar y estigmatizar la protesta del 21 de noviembre. La inmensa mayoría de quienes participamos de esta jornada entendimos que es un derecho constitucional legítimo y se demostró respeto al estado social de derecho, convicción democrática y espíritu pacífico.
Inteligente la posición de líderes de la marcha en Bogotá; que, según información del periódico El Tiempo, al descubrir que dos policías vestidos de civil infiltrados en la manifestación , les solicitaron con respeto los acompañaran si esa era la orden que habían recibido pero vestidos con su uniforme. Reprochable e inaceptable la actitud de una reducida minoría que, al concluir las movilizaciones en algunos lugares del país, actuaron con vandalismo. Esto no podrá empañar ni eclipsar las multitudinarias movilizaciones que se expresaron organizada y pacíficamente.
En estas jornadas hablaron los colombianos y colombianas. Se sintió el clamor nacional por el cambio en democracia. Ahora el gobierno del Doctor Duque tiene la palabra. Puede dar un timonazo y corregir el rumbo de su gestión. Implementar de verdad el diálogo social como lo planteó en su alocución, porque hasta ahora solo ha sido un enunciado.
