viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-09-06 01:47

La visita del Papa

Escrito por: Margarita Suárez Trujillo
 | septiembre 06 de 2017

Con motivo de la visita del Papa Francisco a Colombia he revivido lo que pasó en agosto de 1968 cuando vino Pablo VI a nuestro país y tuve la oportunidad de bailar en su presencia con las danzas folclóricas que dirigía la inolvidable Inés García de Durán, quien logró con su insistencia que su Santidad pudiera conocer los bailes huilenses. Aunque la visita de Juan Pablo II en 1986 también fue impactante, curiosamente tengo más recuerdos de Pablo VI, porque tuve la oportunidad de verlo muy de cerca y también porque era la primera vez en la historia de nuestro país que el máximo jerarca de la iglesia católica nos visitaba. Ambos prelados al llegar besaron el suelo colombiano en señal de humildad. En las dos visitas asombró la gran multitud de feligreses apostados a lado y lado de la Avenida El Dorado en el recorrido entre el Aeropuerto y el Palacio Arzobispal. En su saludo, Pablo VI dijo: "Un gozo íntimo y una trepidante conmoción invaden nuestro ánimo al ver que la Providencia nos ha reservado el privilegio de ser el primer Papa que llega a esta nobilísima tierra”. También fueron emocionantes sus palabras de despedida, antes de abordar la aeronave para regresar a Roma: "¡No te decimos adiós, Colombia, porque te llevamos más que nunca en el corazón!". El viernes 23 de agosto de 1968 el Santo Padre se reunió con los campesinos de Mosquera, que fue el escenario donde le bailamos a Su Santidad. La noche anterior creo que ninguno de los integrantes de las danzas pudimos dormir de la emoción. Éramos jóvenes colegiales, no propiamente bailadores profesionales. Tanto Inesita como nosotros estábamos allí por “amor al arte”, ninguno cobraba un peso por actuar. Nos motivaba la emoción con que Inesita transmitía sus conocimientos en el baile y la manera tan hermosa y profesional como mostraba la manera correcta de ejecutar cada paso. Apreciábamos su felicidad cada vez que aprendíamos algo nuevo. Era estricta en todo, exigía respeto y buenos modales. Nos regañaba furiosa cuando no sonreíamos al bailar, cuidaba cada detalle para que todo saliera bien ante el público. Con el grupo bailamos en la Media Torta y en televisión. Incluso nos llevó a actuar en Leesburg, ciudad hermana de Neiva. Inolvidable!!!


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