viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-09-01 02:04

La visita de Francisco

Escrito por: Ernesto 
 Cabrera Tejada | septiembre 01 de 2017

...sea un volver a las buenas acciones incluso aquellas que dejaban las nalgas coloradas.

El papa lanzó en el pasado una señal conservadora, que riñe con los tiempos modernos, al sostener que "dos o tres palmadas en el trasero no vienen mal" en la educación de los niños, lo cual contradice las corrientes modernas, que van en sentido contrario, eliminando  castigos corporales de los padres.

Si la facultad de aplicar a los niños "palmadas en el trasero" con fines correctivos les fuera negada a los padres, ¿sobre quiénes recaería? ¿Sobre los maestros, sobre el Estado? Se supone que todo niño, por ser menor, no ha desarrollado plenamente aún sus facultades de juicio. Hasta que sea adulto, ¿quién debiera reemplazarlo? En teoría, los padres en criterio general, puesto que son los que más los quieren. Sin desconocer excepciones.

Pese a su fama de "progresista", llama la atención como el papa Francisco, se haya inclinado por un criterio conservador. En general, el autoritarismo trata a los ciudadanos mayores como si todavía fueran menores, mientras el progresismo trata a los ciudadanos menores como si ya fueran mayores. En este asunto, como en tantos otros, es difícil alcanzar un punto de equilibrio que ponga en su lugar a cada una de las dos visiones contrapuestas.

Visto el desbarajuste social del estado colombiano, un desbalance absurdo provocado por  gobiernos cada vez más corruptos y que paulatinamente perforaron lo más sagrado de la democracia, los poderes del sistema. Tendemos a pensar que quienes día a día resultan inmersos en actos delictivos por cuenta del autoritarismo o del progresismo les falto la severidad de la educación desde su hogar ¿qué decir entonces de sus herederos?

Todos somos responsables de la normalización social, pero cómo enseñarle a un  niño, si cada día sus padres se  vuelan las mínimas normas de movilidad y ante un llamado, niegan, se irritan, se violentan y sobornan justificando ante su heredero.

La vista de Francisco a Colombia, nos llena de confianza por las sanas costumbres que pudieran trascender del hogar al estado. Castigo para quienes corrompen y traicionan, perdón para quienes resarcen pero ninguna impunidad para quienes pretendan seguir delinquiendo.


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