viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-11-18 01:41

La tragedia de la JEP

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 18 de 2017

Por: Luis Humberto Tovar

En toda una tragedia nacional se ha convertido el tramite de la JEP en el congreso, como era de esperarse, a tal punto que los dignos de las Farc y sus conmilitones han amenazado, como es su cultura habitual, en declarar que es el principio del fin del proceso de paz.

Bonita tesis, algunos dirían, poco exquisita, por cierto; igual sucedió con el anuncio presidencial antes del atraco del plebiscito, donde anunció que si ganaba el NO como efectivamente sucedió, se desataría una guerra urbana.

Eso de estar amedrentando al país consuetudinariamente, ya no deja de ser mas que un cuento peregrino; la gente ya no come cuento por saturación de amenazas, del terrorismo que a diario se recibe de las altas esferas del Estado, que ante la ausencia de confianza legitima hacia los ciudadanos, recurre a estrategias de terror, buscando éxitos imposibles por la malquerencia de los colombianos hacia un gobierno y sus aliados que nadan en la corrupción.

El decir, que la ropa sucia se lava en casa, fue el argumento torpe usado para legitimar las andanzas en la noche de quienes detentan el poder político, y que salen a la luz pública en forma dosificada por los mismos protagonistas, como los duelos en las películas del oeste, donde balazos van y vienen sobre las conductas ilícitas en que han incurrido, no solamente para obtener el poder y para mantenerse en él, que han llegado a una “feliz” coincidencia con el andar torticero y podrido, de sus interlocutores en los encuentros de la Habana.

Nada bueno puede esperarse de esta confrontación de imputaciones entre quienes han manejado el ajedrez del delito en estos momentos difíciles de nuestra Patria; todos sacan sus propias armas después de haber sido descubiertos por la oposición y organismos internacionales, de los altos niveles delincuenciales que existen, llegando a estadios  complejos por las maniobras utilizadas, del enriquecimiento ilícito, desde el presidente para abajo, renunciando deliberadamente a la autoridad moral que debe amparar a un buen gobernante.

Vergüenza para los colombianos, ver a Santos deambular por el mundo, estafando a manos llenas, para obtener reconocimientos por su conducta fraudulenta, por un nobel obtenido en extrañas circunstancias, que lo hacen con todo y su paz, en el sepulturero de Colombia, de la decencia y de la moral de quien debe presidir los destinos de una Nación.


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