La toma del Palacio de Justicia
En los primeros días de esta semana se cumplieron treinta y dos años de la toma del Palacio de Justicia, que tuvo como autores a miembros de la entonces organización guerrillera M-19. Allí, perdieron la vida por lo menos cien personas, de otras no se conocen aún sus restos mortales. Entre las víctimas se contó nada más y nada menos que la cúpula de la justicia.
Este hecho, sin precedentes ni par en la historia de la humanidad, conmocionó a la población mundial. Para entonces laborábamos en los medios de comunicación de la capital de la República y por ello estuvimos esos dos días haciendo el seguimiento a los hechos con los que se escribió una de las páginas más dolorosas. Por una u otra razón, que no entro a describir o valorar, fui el único periodista que entrevistó al comandante de la toma. Desde un principio esa investidura – la de Comandante- se atribuyó a Andrés Almarales, pero por el contacto telefónico que logré con una de las guerrilleras que se encontraba en el Palacio de Justicia y el enlace que por esa vía me hizo con él, establecí que el máximo líder de esta operación era Lucho Otero. Con este personaje dialogué por espacio de quince minutos. La entrevista no se pudo transmitir porque la ministra de Comunicaciones, Noemí Sanín, había dado instrucciones al respecto. Con todo y en razón a las permanentes solicitudes que se hacían desde emisoras de Nueva York, Buenos Aires, Paris, Madrid o Buenos Aires, entre otras, se decidió editar un informe en el que se incluyeron los apartes principales de lo manifestado por Otero. La noticia fue tomada también por las agencias internacionales, que la reprodujeron por el mundo, y por ello los diarios colombianos la publicaron aquí.
Aparte de lo anecdótico, precisar que aquí hubo protuberantes fallas a nivel del alto Gobierno para impedir que el desenlace dejara tantas y valiosas víctimas. Por ejemplo, el entonces ministro de Justicia, Enrique Parejo González, se ofreció para ir a Palacio y dialogar con los guerrilleros, pero cuando el presidente Belisario Betancur quiso que la cúpula militar autorizara a unas de sus unidades para que acompañaran al Ministro, el Jefe de Estado no obtuvo respuesta. Hubo, lo que Ernesto Samper llamó eufemísticamente ‘Golpe de opinión’.
Concluir recordado que pocos años después la guerrilla del M-19 dejó sus armas, se reinsertó a la vida civil y uno de sus más destacados líderes, Antonio Navarro, fue Ministro, Gobernador, Alcalde, Constituyente y actualmente tiene una curul en el Senado. Entonces, la reconciliación, el perdón, la convivencia dentro de la divergencia sí es posible y es mejor por todo.
