La salida de Jota Jota
Hace rato se veía venir el retiro del Doctor José Joaquín Cuervo, afectuosamente llamado Jota Jota, de la administración municipal. Era una persona incómoda para cualquier gobernante que no defienda el interés colectivo.
Me atrevo a decirlo, porque sé de sus cualidades intelectuales y humanas, un verdadero filosofo del derecho; formado en las mejores canteras del conocimiento, pero por encima de todo, con rigurosa formación moral y ética, persona absolutamente culta, excelente amigo y profesional. Buen consejero y buen ser humano.
Y se veía venir, porque mientras más se cree que avanza en el tiempo la administración municipal, más cortinas de humo se ciernen sobre la ciudad, y más explicaciones se acumulan, es decir, es una administración reventada por dentro y funcionando al debe; sí al debe, porque suceden muchas cosas pero existe un silencio complaciente sobre muchas otras, y donde esas explicaciones son insuficientes, generando desconfianza con quien prometió ser el adalid de la buena administración, sin experiencia pero con la mejor hoja de vida.
No digo acá que el alcalde Lara sea un hombre corrupto, jamás pasara por mi mente semejante adefesio; pero que por sus barbas pasan cosas, unas conocidas, pero sin esa malicia indígena, que también se necesita en la administración pública, y otras, que de pronto son ocultadas por sus subalternos, haciéndole incurrir en despropósitos contra la moral pública.
Se ha convertido en el jefe de debate de una aspiración política al senado de su mejor amigo, y ha asumido las mismas decisiones administrativas que otros alcaldes, de repartir el gabinete estratégicamente en personas de otros municipios que hacia el futuro irán a liderar la aspiración de ese amigo.
Se han tomado decisiones administrativas equivocadas, lo del Estadio de futbol, hoy sumido en la mayor vergüenza de corrupción de Colombia; donde parte de la decisión de la supuesta venta del equipo profesional pasa por la incapacidad del Pedro Suarez y la complacencia del actual, en no tomar las decisiones debidas y a tiempo; lo de las empresas públicas, lo de la secretaria de tránsito o movilidad como se le quiera llamar, al fin y al cabo caen en lo mismo; la guerra entre funcionarios por la lucha interna del poder frente al alcalde, para aparecer como el que le habla al oído, pero por lo que veo hasta sordo se está volviendo.
No apareció la cirugía al municipio.
