La sagrada familia
En este último Domingo del año, la liturgia nos presenta el cuadro hermoso de la Sagrada Familia, compuesto por Jesús, José y María, unidos en la humilde casita de Nazareth, donde la sabiduría y la gracia de Dios eran los adornos sublimes de estos personajes maravillosos
Todos hemos tenido la fortuna de nacer en una en una familia, ya sea numerosa o no, pero siempre con esa procedencia admirable de amor, de entrega y sacrificio.
El libro del Eclesiástico nos presenta hoy lo que el Señor quiere de nosotros, que los respetemos en su autoridad, los honremos con amor y los socorramos siempre y así poder tener “larga vida” y ser “premiados por Dios”, San Pablo a su vez, en la Carta a los Colosenses, con sencillos detalles nos indica los deberes de cada uno de los que componemos el hogar cristiano, y vale la pena insistir en los comportamientos que cada uno debe tener para que realmente “la paz de Cristo reine en el corazón de todos”.
La docilidad de las mujeres y como el Señor quiere, evitar la dureza de los hombres para con ellas, en el trato diario y la obediencia de los hijos porque eso “es cosa agradable al Señor”.
Finalmente, San Lucas en su lenguaje claro y preciso nos cuenta cómo los padres de Jesús, una vez cumplidos los requisitos religiosos exigidos por la ley regresan a su humilde casita de Nazareth, donde el Niño sigue creciendo “en sabiduría, porque la gracia de Dios lo acompañaba”.
El Papa Benedicto XVI, en su meditación nos da unos consejos muy prácticos en este tiempo tan difícil para los verdaderos testimonios cristianos.
Hoy, en nuestro país se decía “tan católico, apostólico y romano”, la mayoría de las parejas huyen del sacramento, para poder tener la libertad de vivir de cualquier manera su unión y no comprometerse en la educación de la fe de los hijos.
Qué bueno en esta fecha tan querida por todos, que volvamos los ojos, primero a esos personajes tan conocidos y queridos, no sólo para invocarlos con cariño, sino para pedirles el poder imitar tantas virtudes de ese pequeño recinto de gracia y de bondad.
Todos pertenecemos a una familia humana que debe reflejar esas virtudes domésticas tan preciosas de José, María y Jesús. No permitir que nada ni nadie logre opacar y despreciar esa gran herencia que hemos recibido los cristianos.
Que crezcamos como Jesús, en el trabajo de cada hogar, que la calle no remplace ese recinto que nos ha dado la vida a todos, para aprender como Jesús el amor y la misión que tenemos como sus seguidores.
