La renuncia de Restrepo
La renuncia sorpresiva del líder del equipo negociador del gobierno nacional con el ELN, Juan Camilo Restrepo, ha generado diversos comentarios entre la opinión pública, por las consecuencias que ello pueda generar. Por una parte, hay que reconocerle la tarea que desempeñó desde que se iniciaron los diálogos de Paz en Quito con los voceros de esta guerrilla y que ha ´permitido un avance significativo dentro de la agenda concertada y que logró un cese de hostilidades transitorio hasta el próximo 9 de enero. Ha manifestado que obedece a otros compromisos personales y profesionales que debe atender en un futuro inmediato. Otros sectores han comentado, que irá a encabezar o a participar en una lista para el Senado de la República, cuyas inscripciones vencen el 11 de diciembre del presente año. Se espera que no exista un traumatismo a los diálogos, porque el proceso ha adquirido un buen ritmo y una dinámica que debe seguir manteniéndose en los próximos meses, con el fin de buscar la total desmovilización de sus integrantes y la reinserción a la civilidad colombiana.
No hay que desfallecer en este intento que, desde sus inicios, fue muy tortuosa la convocatoria para que se finiquitara las condiciones, que permitirían las condiciones para que se sentarán a dialogar de acuerdo con la agenda concertada y adoptada el pasado 30 de marzo de 2016. Y que permitieron su inicio formal meses después. Se luchó mucho desde años anteriores, intentando establecer esta iniciativa, inclusive que se llevara a cabo, paralelamente con el proceso que se adelantaba en la Habana Cuba con el grupo insurgente de las Farc. Todos conocemos el accionar narcoterrorista de esta organización subversiva, que ha generado un repudio e indignación de toda la sociedad colombiana, cuando suceden estos eventos atroces e infames, que van impregnados de una grave y cruel meticulosidad de buscar daño a la población.
Han asesinado a personas inocentes, con la absurda justificación de la lucha de clases. Por este motivo, de nuevo el equipo negociador, debe buscar el consenso con sus dirigentes de plasmar un acuerdo definitivo de paz, que conduzca a satisfacer todas las esperanzas de los colombianos que viven en los territorios donde tiene presencia esta guerrilla. No podemos volver a esos tiempos del terrorismo indiscriminado, que ha provocado miles de muertos y de personas lesionadas. Es necesario mantener la cordura, la unidad y la serenidad dados los acontecimientos políticos que presenta actualmente nuestra frágil democracia. Consideramos que esta guerrilla debe anteponer sus pretensiones políticas buscando un cese definitivo de los actos de barbarie a que están siendo sometidos algunos sectores de la población colombiana, como un gesto para recuperar el tiempo perdido y poder gozar de la anhelada paz que se busca en esas mesas de dialogo.
