La reaparición de Armando Ariza
Por Edgar Artunduaga.
La última vez que lo vimos en fotos fue en los estrados judiciales antes de ser condenado por el saqueo a la Caja de Compensación Familiar. En una de esas audiencias o previa a ella, un muchacho altanero intentó golpear a un periodista que le tomaba fotos a su padre delincuente.
Ese joven, Diego Armando Ariza, se acaba de casar en una suntuosa ceremonia en Guasca, Cundinamarca, en finca privada, que –supongo- es la mansión que tiene por cárcel el hombre que por una veintena de años se robó los dineros de la salud de Comfamiliar.
La fiesta, como tenía que ser por la calidad de los protagonistas, incluyó carros, vestidos y escenarios tipo Al Capone, el famoso gánster de los años 20 y 30.
Los invitados, muchos socios y testaferros del padre del novio, se apayasaron para quedar bien con el patrón.
De manera absurda, le pusieron trajes de la época a varios perros (de cuatro patas) que desfilaron como pajecitos. Algunas señoras
estaban sobrecargadas de pintura y todas enjaezadas con joyas y cadenas que hacían temer por su equilibrio.
Diego decidió dejarle a su padre el papel de Scarface (no tiene la cara cortada sino atravesada por las secuelas de una viruela corrosiva) y él optó por suponerse Frank Sinatra y hacer el papel ridículo de cantar New York, New York en inglés, obviamente doblando la canción.
Frank Corredor (el nuevo y falso embajador de la India), el padrino de la boda, presunto mandadero de Ariza (son socios del hotel del desierto de La Tatacoa?) publicó muchas fotos en redes sociales.
Gracias a él supimos que estuvieron Nohora de Leguízamo y Jairo su esposo. También el abogado Jesús Antonio Marín, Jaime Navarro, Edgar Perdomo y el esteticista Cristian Zamora, entre otros.
Los novios proclamaron su unión para toda la vida, en aviso gigante que se veía a kilómetros de distancia. Quizá lo hacían para sepultar la pantomima que resultó la boda de Luisa Ariza y Kike Díaz, que no alcanzó a durar un año y fue el
mayor derroche de que se tenga noticia en el Huila.
Ese matrimonio en Cartagena, en el Centro de Convenciones, fue la antesala del derrumbe de Ariza, capturado poco después por la fiscalía.
Nota: Frank Corredor (en respuesta a comentarios míos sobre la boda en cuestión) viene propalando una vieja columna que publicó Felipe Zuleta después que lo saqué del armario. Dije –en su momento- que había tenido el valor de dejar a su mujer y a su hijo y admitir su homosexualidad. Parece que el tema le encantó a Corredor.
Le he pedido a un siquiatra que diagnostique la personalidad de Corredor –y quizá sus manías- por la continua publicación de fotos sensuales de su mujer en redes sociales. Ese gusto, esa forma de exhibir y mostrar a su esposa, debe tener un nombre especial. Y como hacerlo se vuelve obsesión, también la mostró insinuante, provocadora, en el carro rojo del Sinatra criollo.
