La precariedad del sistema de salud
“Pandemias como COVID-19, por alarmantes y destructivas que sean, pueden tener un propósito útil si recuerdan a todos, la importancia crítica de la salud pública. Cuando ataca una enfermedad contagiosa, incluso las élites más protegidas de una sociedad deben preocuparse por la salud de las poblaciones desatendidas. Quienes han abogado por la privatización y las medidas de reducción de costos que niegan la atención médica a los más vulnerables ahora saben que lo hicieron bajo su propio riesgo. La salud general de una sociedad depende de la salud de sus personas más pobres”
Jayati Ghosh, Project-syndicate.org
Estoy como todos los colombianos en hibernación obligatoria. En este enclaustramiento que obliga a sacar lo mejor de cada uno para sobrevivir con tranquilidad. Y, me ha servido para estudiar con cierto detenimiento la crisis que está viviendo la sociedad mundial arrinconada por una pandemia que ha puesto todo patas arriba.
La primera reflexión que nos asalta es precisamente la de salud. El principal problema, el más acuciante que están enfrentando todos los países, sin excepción, es la debilidad de los sistemas de salud para afrontar un reto de salud pública como es una pandemia.
Situación que para Colombia es especialmente crítica. Ahora, estamos comprendiendo a cabalidad la funesta ley 100 de 1993. Su orientación privatizadora y la función financiera de los inmensos recursos públicos y privados, desmantelaron progresivamente el sistema de salud pública. Muchos se enriquecieron en una danza de los millones ofensiva y criminal, mientras las necesidades colectivas de salud como un derecho social se desvanecían.
Porque, ¿quién sino la sociedad a través del estado puede invertir recursos cuantiosos para prevenir los posibles riesgos sociales de enfermedades como las virosis? ¿Sin consideraciones de rentabilidad económica sino social?
Pero, vayamos más allá. No es solo para situaciones excepcionales como la que afrontamos con el Covid-19. Es para todas las dolencias que aquejan a la sociedad y, sobre todo, para abordar desde el punto de vista del derecho a la salud las políticas y programas de prevención a que los ciudadanos debemos acceder para garantizar una vida digna.
Para decirlo en palabras de Julián Vélez, el colombiano que se quedó en Wuhan “de un Estado que entienda que la salud es una prioridad superior a cualquier otro interés”.
Ese es el meollo del problema.
Que esta emergencia nos convoque para, una vez superada, afrontar con decisión colectiva la reforma a fondo del sistema de salud. Especialmente, para darle el sentido que el epígrafe del comienzo señala. En esa decisión nos va la vida.
