La política del “Quid pro quo”
Por Germán Alfonso López Daza
Quid pro quo es una famosa frase latina que textualmente traduce “una cosa por la otra”. Este célebre enunciado se usa en dos sentidos: el primero cuando se confunde un elemento por otro; el segundo cuando se refiere a una transacción, al intercambio de algo por su equivalente.
En la actual coyuntura política esta proposición está muy de moda, pues los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta están haciendo negociaciones e intercambios –incluso de inamovibles-, todo con tal de hacerse a los votos necesarios para llegar al Solio de Bolívar. Es decir, se transa elementos esenciales de su discurso a cambio de obtener el apoyo de sectores políticos vitales a sus fines. Quid pro quo.
En el caso de Petro, esta semana firmó en mármol -al igual que Santos con su negativa a subir impuestos- con el Partido Verde, ciertas promesas que cambian ostensiblemente algunos aspectos de su “pensamiento” de extrema izquierda: no convocar a una constituyente, impulsar la iniciativa privada, tránsito ordenado hacia las energías limpias, garantizar la democracia pluralista, etc. Y a cambio de lo anterior, los Verdes prometieron apoyo a la Colombia Humana de Petro, buscando que su electorado ayude con los puntos de diferencia que aún lo separan de Duque. Quid pro quo.
En el caso de la extrema derecha, el candidato de Uribe ya no quiere hacer trizas el acuerdo de paz, no va a unificar las cortes y trata de convencer que no es el títere de su mentor. Este lenguaje busca atraer los 4 millones de votos que dejó Fajardo en la primera vuelta y que aparentemente se pueden ir por el voto en blanco.
El gran interrogante que se genera después de estos grandes cambios en las propuestas de los candidatos, es si en realidad van a ser cumplidos, pues una vez en el poder, el Presidente puede alegar transformaciones en el contexto económico, político o social para zafarse de su compromiso. Recuérdese nuevamente la promesa de Santos de no subir impuestos la cual incumplió y finalmente no pasó nada.
En últimas el pueblo está a merced del gobernante y no le queda más alternativa que resignarse durante cuatro años a los errores de la democracia. (*Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO)
