La pérdida de la conciencia moral
Por el obispo Froilán Casas
¿El cínico tiene conciencia? ¡Nohhh, qué va! La ha perdido. Yo creo que el cínico no tiene alma; si la tiene, está petrificada. Hay gente descaradamente mala y lo más grave es que haya idiotas que los siguen; siguen creyendo en sus mentiras. ¿Será que en la conciencia de muchos hay como una especie de masoquismo? No quieren entender dónde está el mal. Pero si al malvado se le descubre fácilmente. El libro Santo nos dice: “Por sus frutos los conocerán”. Por favor, quien se presenta como el salvador del país, ¿qué autoridad moral tiene? ¿Cuál es su pasado? ¿Por qué habrá gente tan estúpida que se traga el anzuelo fácilmente? O, ¿será que como la hiena quiere participar de la carroña? Por favor, amigo lector, no se trague las cosas enteras, sea analítico, crítico. No se deje llevar por los discursos; solo crea en el discurso que esté respaldado por la conducta de quien lo pronuncia. ¡Cuántos redentores se presentan en épocas de crisis y cuántos ingenuos se dejan convencer! Ante el gran flagelo por la salvaje corrupción que padece el país por décadas, sí que aparecen salvadores. Esos tales “salvadores”, ¿sí tiene autoridad moral? ¿Por qué la mayoría tiene una memoria de gallina? ¿Acaso el pasado de una persona no cuenta? La autoridad la da la conducta, no las palabras. Yo me inclino ante una persona en la que sus palabras están respaldadas por la conducta. Por favor, no seamos ingenuos, para decir lo menos: detrás de mucha retórica hay mucha mentira. Castiguemos al corrupto, demos el voto a personas honestas. Bueno, claro que una persona absolutamente honesta, no existe. El absolutamente honesto se llama Jesucristo. Sí, de alguna manera, quien más dé signos visibles de honestidad, será objeto de nuestra confianza. Infortunadamente hoy la cultura de nuestra sociedad está marcada por el descaro conductual y este mal sí que está creciendo. Nos estamos acostumbrando a la inmoralidad encontrando seguidores que en forma descarada la orquestan. Hoy defender valores y principios es ubicarse en el grupo de especímenes raros en vías de extinción. No importan que nos califiquen con epítetos groseros y agresivos, hay que morir por causas nobles, no ser tristemente célebres. El gran maestro Gandhi afirmaba que es más grave el pecado de los honestos por callar el pecado de los malvados. La cobardía tiene acorralado a la mayoría de los colombianos. Los que hacen más ruido se están imponiendo y los honestos siguen tan callados, cuando ya se den cuenta, será demasiado tarde: ya serán esclavos. La indiferencia se puede pagar muy caro y, lo más grave, cuando ya no haya remedio. No se quiere tomar conciencia de la grave crisis que padece nuestra patria; siempre ha habido problemas, pero las dimensiones de los actuales, sobrepasan cualquier medida. Esperamos que los colombianos seamos sensatos y audaces para determinar el destino de nuestra historia. El cristiano debe tener una fe encarnada, comprometida con la tarea presente. Cuidado con buscar fórmulas evasivas en la toma de responsabilidades y bajo la excusa que buscamos la vida futura, seamos irresponsables con la vida presente.
