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Opinión/ Creado el: 2020-05-13 01:05

La peor pandemia de la humanidad

Escrito por: Froilán Casas
 | mayo 13 de 2020

Obispo de Neiva

No darle culto al Creador, darle culto a la criatura. Esa criatura traducida en tantas expresiones y actitudes. Adoración traducida en culto a la personalidad, la idolatría del dinero, del poder político, del poder académico, científico, e incluso, del poder religioso. ¡Qué no hace el hombre por darle culto a ese dios que ha creado! Como dice el Libro Santo: “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón”.

¡Qué sagacidad que tiene el hombre para crear sus dioses! En línea freudiana, el yo convence al superyó y le hace ver que tiene la razón. En este orden, ¡cuántas excentricidades ha mostrado el hombre a lo largo de la historia! Hace cosas tan inverosímiles que ni en el mismo reino animal se encuentran.

Imagínese usted que el salvaje del Calígula, declaró a su caballo Impetuoso, cónsul, le hizo construir una pesebrera en mármol y siete esclavos para que lo cuidaran con alimentación especial; todas las carreras las ganaba y el día que perdió una carrera, hizo ajusticiar al auriga. ¡Lo que hace el poder sin Dios o, mejor el creerse dios! ¡Cuidado que monstruos como el Calígula sí que han habido, hay y habrá! De pronto ese espécimen está al lado suyo, en el aula de clase, en la oficina, en el taller o aún en la misma familia. ¡Qué horror!

Al leer la historia, ¡cuántas atrocidades han ocurrido! A uno le parece que es imposible que haya seres humanos tan malos. De aquí no se escapa ninguna etnia, partido político, cultura, religión y causas que llevan a cometer los más terribles genocidios.

Lo más grave de todo es que hay cinismo e incluso justificación de los hechos. Nadie pide perdón a la humanidad, al pueblo que padeció tan viles tiranos, a la religión que pagó con tantos mártires. Los crímenes y horrores de la humanidad, tienen distintas lecturas. Desde la condenación total e incluso la exigencia de exhumación de esos monstruos, como la de la justificación total e incluso su aprobación.

Traigamos algunos ejemplos: los anticlericales y “comecuras”, disfrutan la historia aprobando los centenares de mártires por la causa de la fe, en la que tiranos mexicanos masacraron a los cristeros; en la guerra civil española, rodaron centenares de cabezas de sacerdotes, seminaristas, religiosas y obispos, por el terrible delito de ser cristianos: hoy quienes nos odian lo ven apenas normal.

Hay quienes aprueban con satisfacción los ríos de sangre desatados durante la revolución francesa. Hay quienes aprueban la cantidad de cristianos masacrados por el terrible delito de ser seguidores de Cristo durante la invasión cruenta del Islam a la mayor parte de España. Todo el norte de África, todo el Cercano Oriente era cristiano; el Islam lo arrasó.

¡Qué horror! Cuántas persecuciones ha habido en nombre de Dios. ¡Qué horror! El hombre cuando se cree Dios, siempre tiene la razón y si tiene poder es el más terrible tirano. Hitler, Stalin, Robespierre, Nerón, etc. Esta es apenas una muestra del universo de tantos monstruos que ha tenido la humanidad. Aquí en América Latina, cuánta sangre cristiana fue derramada por el terrible delito de ser seguidor de Cristo.