viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-09-14 02:06

La paz y la víbora de la corrupción

Escrito por: Alfonso Vélez Jaramillo | septiembre 14 de 2017

El acuerdo de la Habana firmado entre el Gobierno y las Farc, ya está comprobado, ha sido un excelente negocio para los colombianos porque se frenaron las muertes, los secuestros y todos los horrendos crímenes y delitos derivados del conflicto.

Por eso cae como anillo al dedo lo que dijo el obispo castrense Monseñor Fabio Suescún Mutis, coordinador de la visita el Papa Francisco: “desde hace 18 meses no sepulto a ninguno de mis soldados muertos a consecuencia del pasado conflicto armado con las Farc”, que confirma lo que aquí hemos defendido.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que el valor agregado del acuerdo de paz, es que se están dando las condiciones para destapar el mayor número de ollas podridas de la corrupción en Colombia.

La corrupción es la mayor generadora de violencia en todos los niveles. Cualquier recurso destinado a la educación, la vivienda y los servicios públicos que se roben, genera represalias contra el gobierno y contra la institucionalidad y siempre va a ver descontento generalizado.

Son tantos los delitos descubiertos en los últimos meses que hasta los expertos comenzaron a reconocer que las triquiñuelas desafortunadamente ya hacen parte de la cultura del colombiano porque son ejecutadas por delincuentes de todos los niveles.

Y el mayor inconveniente para frenar la corrupción en la administración pública es que los robos no son exclusivos de casos aislados, existen bandas muy poderosas que recorren Colombia y en cada rincón encuentran de lo que se pueden apropiar indebidamente y las personas con quienes ejecutar su delito, especialmente en las alcaldías.

Lo más relevante es que la corrupción ya no es exclusiva de algunos pocos. El hecho de que ya no solo se señale al legislativo, al Gobierno, a los contratistas, a los mafiosos enquistados en el poder, sino que ya entraron al paseo altos funcionarios de la rama judicial, no es un asunto de poca monta.

Da tristeza cómo van saliendo a luz pública nombres de magistrados de las altas cortes, es un asunto difícil que pone el grave riesgo la permanencia del Estado, ya que el soporte de éste siempre ha sido la administración de justicia, y así como vamos, tal parece que la justicia va camino al despeñadero y con ella la estabilidad nacional.

A propósito, en Neiva se ha detectado una banda de intimidadores que desde una emisora local están obligando a funcionarios municipales a “contratar” altas sumas de dinero disfrazada de publicidad, y aunque no es una nueva modalidad, está siendo revivida en detrimento de los recursos públicos y la imagen del periodismo regional.

Dicen que la corrupción en Colombia se acentuó por tres factores: La elección de alcaldes y gobernadores aprobadas desde finales del siglo pasado. La aparición de las regalías petroleras y la creación de la circunscripción nacional para el Senado.

Lo cierto es que es mayúscula la organización criminal que desde Bogotá por internet se está apropiando del erario, que busca diariamente en donde hay hasta la más pequeña licitación y dejan sin posibilidades a los empresarios locales, que son los más pequeños, como en Neiva en donde se quejan por estar afectados.

En nuestro país no solo estamos alertas, se vive una especie de Neurastenia por la corrupción. Aquí no hablamos sino de corrupción, ni lo medios hablan de otra cosa distinta, mientras la indignación crece, Hasta el punto de que ya no nos impresionamos tanto como ayer.

Mientras tanto hay, no pocos oportunistas, que se están aprovechando del desprevenido ciudadano resaltando estas situaciones para presentarse como los salvadores de nuestras instituciones, con llamativos eslogan de campaña, con el fin de llegar al poder y seguir en las mismas, sin tener en cuenta que lo nuestro ya es cultural, esperando dar el zarpazo.  

Lo peor es que las redes sociales están contribuyendo a que la situación sea más grave, porque desde allí tenemos a verdaderos francotiradores morales que viven de los que les paga el dirigente político para desviar la atención con mensajes subliminales a favor o en contra de alguien, el ciudadano desprevenido nunca podrá tomar libremente sus decisiones para elegir a los mejores. Esta es Colombia y así somos nosotros.


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