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Opinión/ Creado el: 2020-02-23 03:11

La paradoja del campesino

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 23 de 2020

Por: Elías Falla

El campesino colombiano continúa padeciendo el desconocimiento de su problemática, la cual es muy sencilla de entender, siendo tan fácil de romper este proceder y de esa manera no necesitaría que nadie le dé un peso, nadie le regale una semilla, porque de cambiar las políticas de importación y manejo de excedentes, estaría hoy día gozando del verdadero potencial del campo. 

Vamos a la práctica: Si tomamos un litro de leche, hace más de diez años, mantiene un promedio de mil pesos, y así, podría referirme a otros cultivos como las frutas, granos y vegetales, que aunque sus costos de producción no son rentables, el traslado desde su punto de cosecha al centro de acopio hasta llegar al consumidor final, resulta mucho más costoso. 

Siempre que se aproxima la cosecha de cualquier producto, viene la importación correspondiente que inunda una vez más, generando la quiebra de los productores.

Si se consigue que cincuenta millones de habitantes asuman el sobre costo generado con la no importación, esto se plasmaría en un aumento de setecientos a mil pesos por libra o por kilo, logrando que cincuenta millones de consumidores, adquieran los productos para conseguir que dichas inversiones del campo, se vuelvan sólidas y puedan adquirir maquinaria y equipos, para que en una futura pérdida por heladas o verano, afecten en mínima parte la inversión del campesino. 

Aquí viene la paradoja: Se aumenta el valor de los productos agropecuarios en las plazas de mercado, pero se mejoran los ingresos de los labriegos y no estaríamos consumiendo comparativamente unas bebidas como una cerveza o gaseosa, que resulta más costosa que los productos básicos de la canasta familiar, como una libra de arroz, un litro de leche, una libra de plátanos, naranjas, verduras, entre otros, y así sucesivamente con los productos que no superan un dólar. 

La demanda interna organizaría al campesino y él tendría que programar las épocas de siembra a nivel país, para evitar la sobreproducción de sus cosechas y la baja de precios, de esta manera puede asumir reducción en las ventas y a pesar de ello, podrían adaptarse a la sobre oferta sin castigar sus bolsillos. 

En el país existen dos épocas opuestas de invierno y verano, siendo de esta manera muy fácil programar qué cultivos pueden proyectarse y las cantidades máximas de hectáreas a sembrar. 

Por ejemplo, hace alrededor de treinta años se logró una regulación en las siembras para controlar las plagas de los algodonales y la mitad del norte del país en el primer semestre se dedicaba de lleno a su cultivo y luego lo hacía la mitad sur, de esta manera el mercado no se saturó, se controlaron los insectos y todos ganaron. 

Con las nuevas tecnologías, podemos cuadricular exactamente las zonas a intervenir en el país, de acuerdo a la cantidad de hectáreas con agua o con riego y la cantidad de hectáreas sin agua o secano contando con la suerte en la época de lluvia, siendo fácilmente reguladas mediante los créditos.