La otra globalización y las TICs
Por: José Eliseo Baicué Peña
Desde comienzos de siglo se viene hablando de globalización, de internacionalización de los mercados, de mundialización de la economía, y del impulso de las nuevas tecnologías. Todo esto, ha cambiado, indiscutiblemente, los modos de vida y los consumos de los ciudadanos.
Es dicir, asistimos a un mundo casi que inesperado. La internet, lo digital, lo satelital, investigación del ADN, la exploración del espacio, el avance atómico y químico, y ahora, los cambios con la pandemia.
Con estos cambios, llegaron los acelerados ritmos con que se mueven diariamente los millares de personas en medio de una aguda crisis económica que define rutas sociales insospechadas en la sociedad del momento.
En Colombia y, por supuesto, en Neiva se respiran aires con mezcla de estas cosas. La inseguridad está creciendo, el costo de vida se eleva continuamente, los grados de intolerancia se evidencian en los diferentes escenarios, y los bruscos movimientos de la tasa de cambio, los altibajos del dólar, la crisis ambiental, evidencias serios problemas para la humanidad.
Eso sin hablar de los brotes desmedidos de inseguridad y de masacres de las últimas semanas en varias regiones del país. Crítica situación en medio del caos generado por la emergencia sanitaria y la lógica desaceleración económica afecta por una marcada disminución en la producción.
También debe tener los criterios orientadores para guiar el accionar de las autoridades, debe dar a conocer el horizonte de las estrategias y acciones que se diseñan e implementan, así como los objetivos del Estado, de los gobiernos de turno, de las organizaciones comunitarias, de los gremios y de los medios de comunicación.
De allí que la política de seguridad ciudadana debe ser consustancial con las políticas de educación, salud, recreación, cultura, empleo y justicia. Esto permite pensar que los avances en materia de educación y cultura, por ejemplo, pueden verse reflejados de manera positiva en las condiciones de convivencia y seguridad ciudadana de una comunidad.
Bajo este panorama, es preciso reconocer que la seguridad ciudadana es un bien público, un derecho que genera deberes, y tener como punto de referencia los conceptos de desarrollo humano sostenible, permite inferir que la construcción de dinámicas de convivencia y seguridad ciudadana no es una responsabilidad exclusiva del Estado, sino que, por el contrario, es también una tarea de diferentes instancias socializadoras.
Unidas a la tecnología llegan constantemente elementos que dinamizan e infieren nuevas costumbres en una sociedad que se jacta de ser tradicionalista y conservadora.
Avanzamos hacia un incierto modelo económico y social permeado por una simbiosis de elementos que cambiaron el mundo y enviaron un mensaje: no estamos preparados para los grandes cambios.
