La modernidad
Vivimos en una época bastante curiosa, y lo digo a manera de simple observador; el tiempo pasa y la moral va quedando atrás para darle paso a una concepción muy amplia de lo que significa la libertad, la igualdad y el libre desarrollo de la personalidad.
Esta es una época en donde los perros usan el servicio de transporte público y van cómodamente sentados aunque muchas personas les toque permanecer de pie, fumar marihuana es tan bueno como comer brócoli, ir al médico para solicitar la eutanasia no es del todo descabellado.
La sociedad es un ente viviente y por ende susceptible a cambios, algunas veces moderados, otros producidos de manera abrupta, lo que causa dentro del colectivo social una respuesta acorde a la brusquedad con que se producen.
Desde conceptos científicos, hasta el sentido de la moda, todo cambia. Nadie va a negar que desde que los médicos dejaron de fumar en sus consultorios, los pacientes han entendido que el tabaco es nocivo para la salud, lo mismo pasa con el concepto de la redondez de la tierra para alivio de los navegantes o la erradicación de aquella moda que imperaba en los años 70 de usar jeans bota campana para bien de toda la humanidad.
En lo social los cambios resaltan a la vista, a las mujeres se les permitió votar, trabajar y hasta opinar, cosa que estaba vedada a principios del siglo XX, cuando no dejaban de ser un bien muy preciado y sin embargo no consideradas como un par-en la película Titanic queda en evidencia dicha situación-.
Con la década de los sesenta y los movimientos contraculturales como los llamados hippies se abrió una brecha que dio vía libre a una expresión sexual más abierta, los métodos anticonceptivos y el uso de drogas “recreativas” fueron fundamentales para que el sexo, que para ese momento era tabú y con un propósito meramente procreativo, fuera desligándose de este concepto y en cambio, relacionado más con el placer y la autodeterminación.
Cuando hablamos de modernidad, también nos referimos al nuevo rumbo que tomó la relación de los seres humanos con los animales. El cariño, admiración y hasta adoración hacia los animales siempre ha sido cultivada por todas las sociedades humanas a través de la historia, y sin embargo permanecía la concepción utilitarista frente a dichos seres, las abejas para la miel, el cerdo para el tocino, la vaca para la leche, el caballo para el transporte, el perro como guardián, este era el pensamiento típico de cualquier hombre o mujer hace treinta años.
Matarlos o maltratarlos no estaba mal siempre y cuando cumpliera el propósito por lo cual se hacía, ya fuera alimentación, vestido o incluso deporte.
En la actualidad, esta sociedad ha escogido lo mejor de los dos mundos, un discurso conservador para ciertas cosas, y otro más de “avanzada” para otras, pero con lo que parece que muchos no van a ceder es en su concepción de familia, aquella que fue llamada por la constitución nacional nada más y nada menos que, el núcleo esencial de la sociedad. A algunos les molesta por ejemplo que ese núcleo heterosexual haya sido cambiado por una concepción de familia sin un patrón específico, incluyendo entonces dentro de esta definición a las parejas del mismo sexo.
Pero la discusión sigue en pie y una segunda revolución por los derechos civiles de las comunidades minoritarias podría darse.
