La Ministra de Justicia y la Corrupción Carcelaria
La ministra de Justicia que ocupa esa cartera en el día de hoy, parece que estuviera de espaldas a la realidad, que desconociera por completo el papel que se ha venido viviendo en todos estos años previos al actual gobierno, para preguntarse en forma ilógica y descoordinada, el motivo o la razón por la cual en los centros penitenciarios no hay controles, y se puede llegar a permitir que en sus recintos se encuentren armas con las cuales se acabe la vida de otros privados de su libertad.
Es extraño que esos interrogantes sean planteados cuando no son de ahora, cuando hacen parte ya de ese fenómeno que se volvió reiterado, que nunca acaba y que a todo momento nos está destrozando en la vida institucional, cuando el país y el gobierno nacional, perdieron el rumbo de su propia historia y los funcionarios públicos se dejaron permear en la conciencia y en su forma de ser y de actuar, para convertirse en cómplices silenciosos de una violencia que no tiene retorno y que parece proyectarse como un fenómeno social que no tiene solución pronta e inmediata.
Igualmente se pregunta la Ministra, y es extraño que ella lo reitere, viniendo de quien viene, para expresar una presunta preocupación al afirmar; “me llama la atención, por qué tenían puñales, allí fallaron todos las normas de seguridad y de vigilancia”, como si esa situación que se degeneró con la muerte de tres personas en un establecimiento carcelario de Colombia, fuera ajena en un país que no tiene en estos momentos autoridad, en un país donde todo precepto moral, ético, de respeto por los derechos del otro, es una mercancía que se subasta al mejor postor y no hay justicia, y todo es impunidad y todo queda en el silencio, mientras se repiten día a día, hechos semejantes como en las películas de otros tantos lugares del planeta.
Finalmente la Ministra, parece que descubre algo que es triste y doloroso, cuando termina afirmando algo que todo el país ya sabe: “Yo creo que hay corrupción y falta de disciplina en sistema penitenciario colombiano”. Y para rematar el periodista advierte que según los funcionarios del Ministerio de Justicia, cuando se termine la investigación se adoptarán los mecanismos que tengan que ver con la situación de la cárcel la Picota en Bogotá.
Qué tristeza que la señora Ministra tenga que esperar a que se “adelanten exhaustivas investigaciones”, que se vaya “hasta las últimas consecuencias”, que se “sea implacable contra los funcionarios corruptos” o que se establezca la verdad verdadera, para asumir responsabilidades, para derivar procedimientos o para realizar y cumplir con las labores y funciones que corresponden con esta situación que es una más de todas las que se suceden día a día en las cárceles en Colombia y en todas las instituciones donde el Estado de Derecho, perdió su rumbo y se precipitó al abismo de la irracionalidad y de la pérdida por completa de autoridad.
No dice nada la Ministra ni el Gobierno Nacional del hacinamiento patrocinado año tras año, en las cárceles de Colombia, de toda la violación permanente a los derechos humanos de los privados de su libertad y la forma como una detención domiciliaria o la posibilidad de la casa por cárcel, solo se convirtió en un mercado para ciertos funcionarios y delincuentes que nunca debieron abandonar esos recintos entre muros, y que terminaron convertidos en un esperpento donde el hombre, no puede conservar el más mínimo precepto de dignidad o de respeto, porque el ESTADO mismo, el Gobierno Nacional, se encargaron de sepultarlos en vida y de condenarlos al escarnio y al abuso de todo cuanto sea posible en su presunto reconocimiento humano.
La corrupción no es de ahora, señora Ministra, la ausencia de disciplina, no es propia de quienes están entre las rejas, es parte de un fenómeno que nadie en este país, está dispuesto a encarar y asumir las soluciones o proponer fórmulas que sean consecuentes con el papel de la pena y la privación de la libertad en un Estado de Derecho. Qué tristeza que todo sea una lamentación que no tiene dolientes.
