La memoria de Rodrigo Lara Bonilla
El magnicidio del ilustre huilense Rodrigo Lara Bonilla, perpetrado por las mafias de este país, transformó sustancialmente la política antidrogas, porque se empezó a generar una lucha frontal contra este flagelo que ha permeado negativamente la imagen de Colombia, en los escenarios internacionales. Podemos afirmar que fue un crimen que desató la guerra más cruenta entre todas las que haya visto la sociedad colombiana, durante las últimas cuatro décadas. Hizo falta, por desgracia, un magnicidio para que el país dimensionara la amenaza que encarnaban las mafias del narcotráfico.
El asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, cuando ocupaba el cargo de Ministro de Justicia, la noche del lunes 30 de abril de 1.984, en plena calle por sicarios enviados por la mafia del narcotráfico representó para el Huila, una de las pérdidas más significativas de uno de los líderes políticos encarnaba la defensa de la honestidad y la pulcritud en el actuar gubernamental.
Por este motivo, el gobernador Carlos Julio González Villa junto con los integrantes del Consejo de la Orden, que lleva el nombre del inmolado, donde participó su familia, invitados especiales a través de una serie de actos conmemorativos, recordaron la importancia del pensamiento del inmolado Ministro de Justicia, que representa la oportunidad de reflexionar sobre el presente y futuro del país. Con una solemne programación y actos conmemorativos, el Huila recordó el día anterior el imperecedero legado del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado por el narcotráfico hace 35 años. Para los huilenses, y para el país, es la oportunidad de reflexionar y entender lo que sucedió hace tres décadas y media y de vislumbrar el desarrollo del presente y futuro de lo que somos como Nación.
Igualmente fueron exaltados la orden Rodrigo Lara Bonilla, el psicólogo y filósofo José Napoleón Villarreal Sánchez, la Brigada de Desminado Humanitario No. 1, en cabeza de su comandante, coronel Hoover Yarley Ríos Román y la Novena Brigada, a través de su comandante, el coronel Nelson Fredy Pérez Avellaneda, recibieron el reconocimiento en razón a su permanente compromiso con la eliminación de minas antipersonales, municiones sin detonar y artefactos explosivos improvisados.
Ahora que el país va a emprender la compleja, pero necesaria tarea de escarbar en el pasado en busca de las verdades del enfrentamiento armado bien haría en extender el esfuerzo a episodios que, si bien no guardan relación directa con la subversión, su esclarecimiento es tan necesario como el de las páginas más oscuras del conflicto. Las heridas de la guerra del narcotráfico que hoy continúan abiertas también reclaman verdad para sanarlas.
