La maldita costumbre de buscar padrinos
Se da un círculo vicioso: los funcionarios, sobre todo los de alto rango, que exigen “cartas de presentación” y los ciudadanos que buscan intermediarios “claves” para tener acceso a los servicios, a los cuales tiene derecho. No debería ser así. Usted funcionario público o privado, tiene como tarea atender al cliente en concordancia con el servicio que presta. El cliente no tiene clasificación alguna: étnica, política, religiosa, social, académica, etc. Es un ciudadano y ya, basta, atiéndalo, para eso le pagan, no sea grosero ni gruñón.
Por favor, si no está contento con su cargo, por favor, renuncie, hay muchos que están haciendo fila y más necesitados que usted. A los funcionarios públicos, se les ha llamado “servidores públicos”, ¿la palabra “servidor” sí está acorde con la función que prestan o se parapetan en un prurito de poder y se tornan los más asquerosos funcionarios? Por favor sea ordenado en su oficio, no se comprometa con múltiples cosas y al final es ineficiente en todo: priorice y evacúe lo más importante. Ni siquiera las tutelas han logrado descongestionar la inercia y actitud paquidérmica de tantos funcionarios que torpedean la función que debe cumplir el Estado.
¡Lástima que resulte inaplicable el Código Disciplinario Único o Ley 734! Usted como funcionario debe conocer en forma holística toda la empresa para que sepa orientar al usuario. Por favor, oficinas de personal o del llamado ahora Talento Humano, apliquen parámetros de competencia y eficiencia. Por favor, brille con luz propia, no tape sus incapacidades buscando padrinos.
¡Cómo hace de mal un funcionario inepto y que no quiere capacitarse! Hay que aplicarle reingeniería de procesos a las empresas. Relacionar directivos, ejecutivos, administrativos, misionales y de servicios generales. ¿En qué porcentaje debe estar esa relación? En muchas empresas, sobre todo del sector público, hay mucha burocracia, aquí sí que se aplica aquello de la sabiduría popular: “Entre más vacas, menos leche”. Organice bien su tiempo para que disponga de buenos espacios para atender al público. No acepte intermediarios, no haga a los ciudadanos inútiles: todos deben tener acceso a los servicios. La intermediación y los “peajes” torpedean el servicio y lo hacen asqueroso e ineficiente. Hay que achicar al Estado y dar mayores responsabilidades a la empresa privada que debe ser fuertemente controlada por el Estado.
El Estado, por el exceso de burocracia, resulta ineficiente y clasista. Los países con dictadura de partido, -léase regímenes comunistas- son lo más arbitrario en sus servicios, allí la democracia es una palabra pantomima: allí existe una tiranía de partido. Los funcionarios hacen agradable o no al Estado. El Estado recibe billones y billones de pesos de nuestros impuestos. ¿Ellos se traducen en buenos servicios a los ciudadanos? ¿Por qué hay paros, huelgas y desorden? Porque el Estado es ineficiente. El Estado no es un ente etéreo, el Estado lo conformamos todos y la primera carta de presentación del mismo es el servicio que presta el funcionario público. Propongo: una empresa estatal que no funcione, después de un proceso de reingeniería de procesos, si no da resultados, debe ser privatizada. Nos importa que sea eficiente.
