La lista de mercado
El día sábado de cada semana, cuando mi mamá hacía el mercado para la casa en un papel de cuaderno escribía, con su bella caligrafía de letra Palmer, todo lo que habría de comprar. Por secciones, listaba las carnes, los granos, las frutas, las verduras, el pan y los biscochos, el queso, la panela, la sal y el azúcar, etc. Yo, que era el mayor de la prole, tenía como tarea acompañarla con la señora que realizaba las labores de cocina, para cargar el mercado. Lo único que no iba en el listado era mi retribución: un sabrosísimo batido de leche que recibía como premio a mi esfuerzo. Ustedes ya deben estarse preguntando porqué carajos traigo esta pequeña historieta a colación. Pues bien, mis queridos lectores, la explicación es sencilla. Esa es la sensación que me ha dejado la inveterada manía de la “clase dirigente” regional de elaborar una “lista de mercado”, cada vez que un gobernante del orden nacional visita nuestro terruño. Tarea más obligatoria, si quién llega es el mismísimo presidente de la república.
La parafernalia es un calco, ocasión tras ocasión. Casi que uno podría desempolvar las “listas de mercado” de visitas anteriores y sin gran esfuerzo encontraría que se repiten desde tiempos inmemoriales, no solo por la falta de imaginación de los “dirigentes”, sino por el listado de innúmeros incumplimientos del gobierno central. Esa historia ya la conocemos y en esta ocasión no será diferente. Entre otras cosas porque los actores son del mismo costal, empacados con la misma tierra, y, además, son frutos vanos de cosechas estériles.
¿Por qué se suceden estos hechos, una y otra vez, y no aprendemos la lección? Sencillamente, porque no hemos hecho bien la tarea de conocer nuestras necesidades, potencialidades y oportunidades para proponernos un proyecto de vida común. Que no individual que, es a lo que aspiran quienes logran identificar un nicho de negocio que, desafortunadamente no supera la segunda o tercera generación, como lo prueba la historia del emprendimiento de los últimos 100 años. No hemos podido entender que el propósito colectivo es la fuente sólida del progreso. No obstante que los logros relativamente exitosos, como el cultivo del café, han sido trabajos de gran sacrificio y constancia de miles y miles de huilenses, durante varias generaciones.
Otra razón es la incomprensión de que la institucionalidad debe ser fuerte y tener un claro propósito nacional. El ejemplo es la generación de energía. Tenemos dos grandes represas hidroeléctricas que, a pesar de significar un inmenso sacrificio de riqueza regional, no nos entrega nada para la creación de trabajo y capital propio con el propósito de reinversión en otras ramas de la producción: agrícolas, pecuarias, agropecuarias, industriales o de servicios que, además, incremente los ingresos comunes por impuestos para suplir los bienes y servicios públicos, como forma cierta y benéfica de redistribución del ingreso regional…
Hay muchas más que por hoy se quedan en el tintero. Finalicemos diciendo que, la de Duque, será una lista de mercado, pero sin batido.
