martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-06-01 02:36

La justicia

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | junio 01 de 2019

Normalmente se ha entendido por Justicia, como el principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde, o resumiendo, la cualidad de ser y obrar justo. Y lo moral es el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad (diccionarios de la lengua española).

En nuestras palabras, la Justicia es la actitud fundamental del ser humano, independiente de la religión que profese, de obrar o evaluar los comportamientos ajenos de la manera buena para la sociedad. Justicia es la actividad del estado, en nombre de la sociedad, para imponer  el bien para todos y evitar el mal para todos.

Pero vayamos a la religión mayoritaria en el planeta. En la Biblia se habla mucho de la Justicia. En uno de sus apartes, en El libro de Isaías (42: 1-4, 6-7) “En El he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones./ Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará no se doblegará hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y hasta que las islas escuchen sus enseñanzas”. Aunque muchas veces se habla figuradamente de justicia y derecho en la Biblia, estos pasajes y el que aparece en el libro de Los Hechos de Los Apóstoles (10: 34-38) que dice “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”.

Dicho lo anterior, el lector entenderá que porqué estamos afirmando que en Colombia somos torpes al seguir empeñados en desdeñar la Justicia como el elemento fundamental que permitiría que todo el caos, desconcierto, negativismo, polarización rampante, corrupción y falta de unidad nacional desapareciera o surgiera en favor de todos sin distingos. El bien.

Tenemos un país que reiteradamente claudica perseguir los delitos y las contravenciones, un país que transa persistentemente con los delincuentes de toda ralea, uno que aplaza la reforma radical de la Rama Judicial y los aparatos que la rodean para hacerla eficaz: Policía Nacional, Cuerpo Técnico de Investigación Criminal, Fiscalía, e Instituto Nacional Penitenciario (que debería incluir los centros de detención preventiva). Acá los capturados por presumir que cometieron delitos (pruebas) se les lleva a centros denigrantes o a los privilegiados a lugares cómodos, o a sus casas. Y las investigaciones se tornan eternas, para no condenarlos.

En cuanto a imponer la Justicia, a juzgar, esta es tal vez de las responsabilidades menos eficaces que el estado cumple y la que más extrañan los ciudadanos. Por ejemplo, la gente está harta, más que de la corrupción, de que esta no cese porque no se juzga y condena. Vamos por la Justicia.


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