La intolerancia huilense
Según la periodista Linda Patiño Cárdenas, el temperamento intolerante de nuestros coterráneos parece que se debiera al clima caliente, casi sofocante, de esta región, o quizás, al violento legado de La Gaitana, Cacica de Timaná, que le hizo sacar los ojos al español Pedro de Añazco por haber matado a su hijo Timanco, o a otros factores indescifrables que nos han hecho bastante resentidos. “En el Huila se sufre más por el bien ajeno que por el mal propio. Somos desdeñosos, maliciosos, escépticos, cabriados. Pero generalmente majaderos frente al engaño, lo cual nos ha hecho merecedores de burlas e insultos infundados”.
Es paradójico que a una comunidad tan afecta al rezo, a la espiritualidad, a los golpes de pecho y a la rasgadura de vestiduras, no la detenga en su agresividad la talanquera que debería imponerle el cristiano amor al prójimo. Tal vez piensan que la violencia verbal es menor que la violencia física y, con ese equivocado concepto, la emprenden agresivamente contra sus interlocutores cuando no están de acuerdo con lo que dicen o con lo que hacen.
Pero, de la violencia verbal a la violencia física no hay sino un solo paso, que suele darse con mucha frecuencia. La Dirección Regional de Medicina Legal asegura que el departamento del Huila está en alerta roja por los numerosos hechos de maltrato físico, agresiones de todo tipo y violencia intrafamiliar. Aunque la ley ordena que los departamentos y municipios deben promover y mantener casas de protección para personas maltratadas, la administración del Departamento del Huila y la del Municipio de Neiva, aún no lo han hecho.
Según la doctora Lina María Ramos, directora de la entidad, en los meses de junio y diciembre, cuando se registran los mayores índices de consumo de licor, paralelamente se aumentan los casos de violencia intrafamiliar, en los cuales cerca del 80 por ciento afecta a las mujeres y a los niños. El otro 20 por ciento corre por cuenta de las mujeres contra sus “parejos”. Eso dicen las estadísticas.
El 16 de noviembre de 1995, la UNESCO publicó la “Declaración de Principios sobre la Tolerancia”, en la que, entre otras cosas, asegura que la tolerancia consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de nuestras formas de expresión y de ser humanos y en saber armonizar nuestras diferencias. La tolerancia es la virtud que hace posible la paz porque contribuye a sustituir la cultura de la guerra por la cultura de la tranquilidad.
La tolerancia no es lo mismo que la condescendencia o la indulgencia porque debe ser una actitud activa de reconocimiento de los derechos humanos universales y de las libertades fundamentales de los demás. La tolerancia no puede utilizarse para justificar la violación de estos valores fundamentales y deben practicarla tanto los individuos, como las comunidades y los Estados.
Toda persona es libre de adherirse a sus propias convicciones y debe aceptar que los demás se adhieran a las suyas. También hay que aceptar el hecho de que los seres humanos son diversos en su aspecto, en su forma de ser y de expresarse, en su comportamiento y en sus valores, pero todos tienen derecho a vivir en paz y a ser como son.
La agresividad reside en la personalidad de todos los seres humanos, pero gracias a una buena educación, desde pequeños, es posible canalizarla, por ejemplo, en el deporte, en el ejercicio o en las artes y en la creación. Sin embargo, esta emoción puede quedar atrapada en la inmadurez de muchas personas que tuvieron en su niñez una mala educación y malos ejemplos de comportamiento.
Las personas agresivas generalmente traen una historia conductual anterior a los 15 años. Es decir, ya en la niñez no se adaptaban a la autoridad, desafiaban a los padres o a los profesores, les costaba seguir normas y gozaban con hacer sufrir a los demás o a los animales indefensos. Dicen los expertos que pasados los 15 años, aproximadamente, empieza a aparecer una tendencia de personalidad antisocial donde hay ausencia de remordimiento. Las personas que tienen este perfil necesitan ayuda psiquiátrica y sicológica, para ayudar a regular el control de los impulsos. Sin embargo, estas personas no buscan tratamiento, porque no se sienten responsables de lo que hacen.
Mientras más temprano se logren detectar ciertas alertas, se podrá evitar una existencia desgraciada para esa persona y para quienes la rodean. El llamado para los padres es que estén atentos tanto con el comportamiento de sus hijos como con el suyo propio. El mal ejemplo, las riñas, las faltas de respeto mutuo, y el consumo de alcohol y de drogas influyen brutalmente en la personalidad de los hijos.
La tarea de formar corresponde a los padres y también a los profesores. En los colegios y en las escuelas debería desarrollarse un “Programa de Competencias para la Vida”, que busque preparar a los niños gradualmente, mediante conocimientos y aptitudes para desarrollar un comportamiento respetuoso, positivo y adaptable que les permita enfrentar exitosamente las exigencias de la vida diaria y los desafíos del futuro. Y a bajar el tono de la voz cuando tenga que hacer algún reclamo.
Mirando las estadísticas del Instituto de Medicina Legal se encuentra que el año pasado, 2016, las tasas más altas de violencia de pareja fueron, en orden descendente, en los departamentos de: San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Casanare, Cundinamarca, Huila y Meta. Y en los municipios de: Bogotá, Medellín, Cali, Villavicencio y Neiva. El Huila ocupa el vergonzoso cuarto lugar entre los departamentos y Neiva el quinto lugar entre las ciudades del país donde los hombres más maltratan a sus mujeres, seguida por Garzón, Pitalito, Campoalegre, San Agustín, La Plata y Rivera.
Los huilenses debemos tomar conciencia que es nuestro deber ser mucho más tolerantes y mejorar nuestro mal temperamento, que obedece a un sistema machista heredado desde hace muchos años de paeces, timanaes, yalcones y españoles, entre otros.
