martes, 07 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-02-16 01:16

La Iglesia también es ambientalista

Escrito por: Álvaro Hernando Cardona González
 | febrero 16 de 2019

Como saben los lectores, hemos comentado ampliamente la Encíclica del papa Francisco Laudato, Si`; incluso informamos de la inclusión de un artículo detallado (Una Encíclica ecológica: Laudato si´) en el Tomo XVI de la obra Lecturas sobre Derecho del Medio Ambiente, la más extensa actualmente sobre esta área jurídica. Pues la Iglesia Católica y las tendencias teológicas, como la que rige el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, (iglesia ortodoxa, de las más antiguas tendencias cristianas de la humanidad) vienen insistiendo mucho en la necesidad de la conservación y especialmente, lo que es extraño en el mundo ambiental, en la recuperación ambiental.

La semana que termina, el sábado 9 de febrero, durante un encuentro en el Vaticano, con expertos en teología moral, el papa Francisco invitó nuevamente a todos los fieles católicos a tomar conciencia de sus pecados contra el medio natural, y a incluirlos en la confesión. Allí dijo "Cuando administro el sacramento de la reconciliación, y también cuando lo hacía antes, es inusual que alguien se acuse de violentar la naturaleza, la Tierra, la Creación" (LaFm). Desde su Encíclica, el sumo pontífice ha sostenido que la Tierra está enviando muchísimos mensajes que deberían servir para cambiar los hábitos humanos que al perjudicar la naturaleza, ponen en grave riesgo el futuro de las generaciones venideras. Más aún, el Papa, ha dejado claro que esta generación, fue la futura de la pasada, y existe un pasivo ambiental que es pecado mantener o aumentar.

El papa Francisco y el patriarca Bartolomé I, coinciden en explicar que cualquier pecado contra la Naturaleza es un pecado contra la humanidad, es decir, contra nosotros mismos y contra Dios que es el dador de vida. Primero, por el daño que le realizamos al conjunto de recursos naturales y demás elementos ambientales que aseguran la vida poniendo en riesgo al resto de seres humanos. Segundo, porque ese daño ambiental o pecado, refleja la desconexión con el medio natural que no sólo nos rodea, y que más que vida, condiciona la naturaleza humana (es decir, es el medio que nos configura como seres vivos humanos). También afirman en que un elemento importante de este pecado es la dimensión personal que hace que cada cual esté involucrado en él, por lo que cada uno debe arrepentirse consciente de las maneras como deteriora al planeta. Sostienen que la iniciativa de cambio ambiental debe partir de cada uno porque la labor de reconfigurarse con la propia identidad, inserta en la naturaleza, es también de cada uno.

Y es válido, un arrepentimiento personal respecto de lo ambiental contribuye con una vida más coherente en el seno de la sociedad y sí, con Dios mismo.


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