La huelga de los pilotos de Avianca
Hacía mucho tiempo, no se presentaba en el país una huelga como la que hoy realizan los pilotos de la empresa “nacional” Avianca, aglutinados en su sindicato Acdac. De la frase anterior, quiero destacar dos palabras envilecidas, descaecidas, vilipendiadas, apostrofadas, casi que excluidas del lenguaje popular: huelga y sindicato por la connotación que tiene para la lucha de las fuerzas del trabajo por sus derechos políticos y sociales.
En la gran ofensiva mundial del capital financiero parasitario contra las fuerzas del trabajo asalariado, ocurrida durante los últimos 30 años, se logró crear en el imaginario de las gentes del común la aversión contra toda forma de organización proletaria y sus instrumentos de lucha legal. Una ofensiva que, tenía como objetivo de fondo embellecer al capital, pintándolo como el gran salvador de la sociedad, frente a “las fuerzas voraces y destructoras” de los sindicatos, creador de riqueza y prosperidad infinita, si se les garantizaba unas reglas de operación sin ningún tipo de control o cargas insoportables (v.gr. pagar impuestos). Así, surgió la era del “libre comercio” que se pueden resumir en sus tres grandes objetivos: la libre circulación de los capitales por los mercados mundiales sin alguna forma de cortapisa, la privatización de todas las actividades económicas reservadas exclusivamente para el capital privado, sin interferencia o participación del estado o los gobiernos y, la ausencia de toda responsabilidad en la atención de los servicios sociales: salud, educación, vivienda, etc.
De ese estado de cosas, que terminó creando la institucionalidad en que vivimos, los derechos políticos y sociales de los trabajadores asalariados salieron duramente apaleados. Derechos como organización (crear sindicatos y organizaciones afines), expresión (la libertad de difundir su forma de ver el mundo), movilización (la libertad de hacer uso de su fuerza organizada), huelga (el derecho de suspender legalmente las actividades laborales cuando el capital no remunera de manera justa y oportuna la contribución de la fuerza de trabajo), así como, los derechos políticos de crear partidos y luchar por el poder del estado, fueron recortados hasta su mínima expresión. Políticas como la flexibilización laboral, que borró de un plumazo conquistas centenarias a nivel mundial como la estabilidad en el trabajo, las garantías de empleo y remuneración justa, de derechos a la salud, la educación, el esparcimiento…, en la práctica desaparecieron.
En el país, los gobiernos de César Gaviria, a comienzos de la década del noventa del siglo pasado y de Álvaro Uribe en la primera década de este siglo, fueron los encargados de implementar esa política contra las fuerzas de trabajo. En un país, donde el 60% o más de la fuerza de trabajo es informal, está dedicada al rebusque, una forma todavía más vil que cualquier forma de trabajo asalariado, crear una imagen negativa de los trabajadores vinculados a trabajos formales en empresas establecidas, presentándolos como privilegiados, permitió que los salarios se estancaran o redujeran, abiertamente.
Que hoy, trabajadores al servicio de una empresa multinacional como Avianca, se atrevan a enfrentar este estado de cosas, es de gran valor. Están reivindicando derechos reconocidos en la legislación laboral mundial, consignada en los tratados de la Organización Internacional del Trabajo. ¡Apoyémoslos!
