La Hora del Planeta y la hora del resurgimiento del río Magdalena
Por: Manuel Macías
El 30 de marzo de 2019 se celebró, en todo el mundo, la versión 12 de la campaña “La Hora del Planeta” impulsada por la ONG World Wildlife Fund (WWF). Esta es la mayor campaña de movilización mundial contra el cambio climático. Cambio que nos afecta a todos los habitantes del mundo, aunque existen líderes mundiales que niegan, de forma terca y obtusa, la existencia de la mayor amenaza que se cierne sobre la humanidad.
Este movimiento surgió en Sydney en el 2007; en el 2011, ciudadanos y gobiernos de más de 5250 ciudades de 135 países, se unieron a la campaña apagando las luces de sus residencias, negocios y monumentos públicos, por una hora. En la Cumbre sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas de 2014, se exigieron acciones urgentes, a gran escala, para combatir el calentamiento global. Lo anterior, llevó a la firma del Acuerdo de París de 2016, un hito en la lucha para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar contra el cambio climático. El año pasado, más de 17.000 monumentos de 188 países apagaron sus luces, durante una hora, en este llamado para que cuidemos el planeta donde vivimos y le dejemos donde vivir a las nuevas generaciones.
Hoy mi llamado urgente es para definir un derrotero claro para resucitar al río Magdalena. En la columna pasada hablé sobre el entierro del Río de las Tumbas, al cual asistiremos todos sino ejecutamos acciones en pro de la recuperación, conservación y resurgimiento del río, como factor clave para el desarrollo económico y generador de bienestar social y ambiental.
Propongo tres acciones concretas, complementarias y simultáneas. La primera es la priorización de la construcción de las PTAR de Neiva, Pitalito, Garzón y La Plata. Estos cuatro municipios son responsables de alrededor del 72 % de la contaminación del río Magdalena. Con esta acción, se lograría la descontaminación de mínimo el 70 % del río.
La segunda acción es una estrategia de sensibilización y concienciación ciudadana, que busca gestionar recursos y movilizar a todos los actores sociales y comunidad, con el fin que nuestros coterráneos no contaminen más el río y se conviertan en sus guardianes.
La tercera acción, paralela a la descontaminación del Magdalena, es la estructuración de un plan de Economía Naranja que permita la explotación turística del río, de forma sostenible y sustentable, con unas rutas naranja claramente identificadas, que partan desde la contemplación del paraíso natural ecoturístico del nacimiento del río, pasando por el estrecho del Magdalena, el Malecón en Neiva y Villavieja, entre otros. Así mismo, el diseño y desarrollo de todas aquellas actividades deportivas, recreativas y culturales factibles a lo largo del río.
Estas rutas, además de generar recursos económicos, se articulan dentro de la campaña ambiental de concientización, cuidado y conservación del río y promueven, como un eje transversal, el desarrollo de patrimonio cultural e identidad huilense. De esta forma, se genera desarrollo económico, bienestar social y beneficios ambientales para la región y sus habitantes.
Así, le damos la cara al río y podemos construir el paraíso que está por descubrir.
