La “historia” de nuevo a las aulas
Por: Jesús Andrés Vargas Gutiérrez
En el 2017, se profiere la Ley 1874, y mediante ella se restableció la enseñanza obligatoria de la historia, con un componente que puede resultar un poco controversial.
Dicha ley, expedida el 27 de diciembre, y que daba un plazo máximo de dos años para su implementación, hace una restricción en el alcance de los conocimientos que los estudiantes pueden adquirir al momento de cursar dicha materia, ya que como tal, las instituciones educativas están en la obligación de impartir historia colombiana únicamente, y en últimas la búsqueda de la “poner énfasis en la memoria de las dinámicas de conflicto y paz que ha vivido la sociedad colombiana, orientado a la formación de la capacidad reflexiva sobre la convivencia, la reconciliación y el mantenimiento de una paz duradera.”
Bajo estos argumentos resulta decepcionante que haya habido tanta expectativa frente a la reinstauración de un elemento del conocimiento tan importante en el ámbito internacional, tenida incluso como ciencia, pero que termine siendo utilizada de manera política.
En este caso, y según el alcance de la misma ley, lo que se buscará será impartir una especie de seminario, en dónde se examine el conflicto armado y nada más.
Conocer el entramado de los orígenes de la violencia en nuestro país, no solamente es válido sino necesario, sin embargo, de remitirnos únicamente a los 80, 70 años en los que se enmarca el conflicto armado, deberíamos llamarlo como es y no como se pretende.
A esto, hay que agregarle un componente adicional, y es que para las instituciones educativas será un verdadero reto hacer de esta clase, un espacio de diálogo y sobre todo, de objetividad, teniendo en cuenta que para nadie es un secreto que, existen dos versiones muy opuestas a la hora de relatar los fenómenos de violencia que ha sufrido nuestro país.
Esto no sucedería, si se hubiera planteado esta materia desde un componente verdaderamente académico, en dónde la historia universal, y las relaciones de nuestro país desde un escenario más amplio fueran la principal motivación para que volviera la historia a las aulas.
Claramente el estudiante tendría diferentes nociones de lo que ha pasado en el mundo, en nuestra sociedad, además de adentrarse en las en las dinámicas diversas y complejas que hacen de nuestro mundo, un escenario más interconectado de lo que parece.
Desafortunadamente no será así, sólo queda esperar que las diferentes instituciones educativas puedan maniobrar dentro de su proyecto educativo institucional, para ampliar el espectro tan restringido y “conveniente” que trae consigo dicha ley.
Se pierde una oportunidad valiosa para generar en la juventud, el interés y la curiosidad necesaria frente al pasado no sólo como colombianos, sino como humanidad.
