La historia de Neiva se cae a pedazos
Sí, algunos amigos lectores, se habrán percatado de que me voy a referir al doloroso episodio de la semana pasada en el colegio nacional Santa Librada, patrimonio arquitectónico de la Nación, donde, de milagro, no se produjo una tragedia de proporciones mayúsculas. De manera afortunada, únicamente tres niños salieron con lesiones de consideración luego de que, les cayese encima el techo de uno de los desvencijados salones de clase. Un suceso que solo tiene una explicación: la desidia y el abandono del gobierno municipal de Neiva.
La infraestructura educativa del país ha sido progresivamente abandonada por el recorte sistemático de los recursos para la educación. Llevamos ya más de veinte años de esa triste historia. Y, así como se deteriora inexorablemente el colegio Santa Librada, sufren las mismas circunstancias colegios como el Inem, o el Agustín Codazzi, o los miles de instituciones que a nivel nacional amenazan ruina y que, con alguna periodicidad se convierten en noticia por la precariedad de sus instalaciones o los sucesos tristes que allí suceden.
Yo, soy ex alumno libraduno de la promoción de 1967 cuando en Neiva la institución educativa más importante de la región, como lo fue durante décadas era el glorioso colegio nacional Santa Librada. Una institución más que sesquicentenaria que dio lustre y brillo al conocimiento regional. Cuando hace tres años acordamos con mis compañeros de promoción celebrar los cincuenta años de egresados realizamos un acto cultural y social en las instalaciones del colegio. Ya para esa época era evidente el abandono no sólo de sus instalaciones sino del nivel educativo. A esa reunión fue invitado el señor alcalde de Neiva, entre otros invitados especiales, a quien le planteamos la preocupación que nos embargaba por el abandono del Santa Librada. En palabras elocuentes que a muchos tranquilizó anunció con voz firme que había asignado dos mil quinientos millones de pesos para la refacción general del colegio. De esa noche hay más de cien testigos.
Pasaron los meses, después los años y, cuando ocasionalmente algunos preguntamos en la secretaria de educación por la inversión anunciada nos respondieron que estaba condicionada a la autorización de la dirección de patrimonio arquitectónico de la nación, dependiente del Ministerio de Cultura. Los recursos no solo nunca se invirtieron, sino que, sospechosamente empezaron a disminuir: Ya no eran dos mil quinientos sino dos mil, después mil quinientos y, la última vez que preguntamos iban en setecientos millones.
Si esto no es un acto de bellaquería oficial yo no sabría cómo llamarlo. Los responsables de este caso particular de mi querido colegio Santa Librada son los burócratas municipales encabezados por el alcalde Rodrigo Lara Sánchez, y, su microscópico secretario de educación. Sobre ellos ha de caer el juicio ciudadano.
