La guerra de encuestas
Uno de los mecanismos más utilizados últimamente en las campañas electorales viene siendo el de las encuestas. Por tal razón, el Consejo Nacional Electoral en cumplimiento de sus competencias legales decidió reglamentar su realización y publicación, bajo el claro entendido que su uso indebido tiene la intención de manipular la opinión ciudadana.
En el actual debate electoral hemos observado diversas publicaciones en los medios escritos, en diversos portales de internet y en las redes sociales, especialmente Facebook y WhatsApp.
No es ningún secreto para nadie que la mayor atención y expectativa se registra en la competencia por la gobernación y la Alcaldía de Neiva, sin que se subestime la importancia de las demás aspiraciones democráticas del resto de alcaldías, Asamblea y concejos de la región.
Para comprobar la intención inequívoca de manipulación del elector conviene dar un breve repaso a lo que hemos visto en los mencionados medios.
Primero se conoció la encuesta realizada por DATEXCO hace cerca de 3 meses, publicada por éste diario, sin que se conociera públicamente quien la contrató y la pagó, dejando un gran manto de duda sobre su credibilidad en los resultados. Luego se conoció la publicada en las redes sociales por la campaña de Chávarro, realizada por “ estudiantes de derecho de la Universidad Surcolombiana “, pero su autor real fue el profesor Jaime Ramírez Plazas; quien repitió el ejercicio un mes después, en clara violación de las normas que regulan la materia, y sin para mientes en los numerosos comentarios de censura que se suscitaron al respecto, incluida la de la rectoría de la universidad.
Hace 5 semanas el Diario La Nación publicó la contratada y pagada por ese medio con la Firma CNC, la que por sus resultados generó la inconformidad de los chavarristas y la aceptación de la campaña de Dussan como era de esperarse.
En las redes se han publicado sondeos efectuados por portales afectos a cada una de las dos campañas, los cuales han despertado el fanatismo de ciertos seguidores de uno y otro candidato, llegando incluso a las agresiones y cierto grado de violencia verbal.
Es también evidente que la gran mayoría de los medios radiales han tomado partido militante por uno o el otro candidato, con la inequívoca intención de polarizar la elección entre Chivarro y Dussan, pero sobretodo, de invisibilizar a los demás candidatos como si éstos no existieran.
En éstas circunstancias es posible precisar tres cosas. La primera, que las encuestas siendo un mecanismo técnico que recogen las impresiones de conocimiento, aceptación y eventual intención de voto al momento de su realización son avaladas por la ley, pero deben cumplir determinados requisitos para su credibilidad. La segunda, que no obstante lo anterior, en algunos casos se utilizan por las campañas con el propósito de manipular al elector buscando generar un favoritismo a favor de su candidato y desde luego una sensación de que no tiene rival que lo pueda vencer. Y la tercera, por diversas razones; entre ellas que no han acertado en los pronósticos o que “quien las paga las gana” como ya es usual en el sentimiento ciudadano que cada vez menos cree en los políticos.
Para el caso, es evidente que las campañas de Chávarro y Dussan han entrado en una sucia guerra de encuestas, reiterando con ello que son candidaturas de la política tradicional que pretenden llegar al poder a como de lugar, pues su motivación personal es la vanidad, el orgullo y la codicia, pero también, de las maquinarias que representan. Por fortuna hay otras opciones que tales campañas y los medios han querido invisibilizar pero que, sobre todo una de ellas, podría dar una gran sorpresa.
