La gran paradoja del Covid – 19
Resulta sorprendente y frustrante a la vez, conocer los efectos que se vienen presentando como resultado de esta pandemia generada por el Covid-19.
Los expertos han hecho sus comentarios según sus disciplinas y experiencias. El economista ha realizado sus cálculos, y ha logrado mostrar y demostrar que la pobreza y la miseria son más graves de lo que conocíamos antes de la epidemia. Los profesionales de la salud explican todos los días que es preciso tomar conciencia de la gravedad del asunto, y que es preciso acatar todas las recomendaciones.
Los centros hospitalarios no estaban ni están preparados para atender y aplicar todas las pruebas que demanda la población; es más, algunos de ellos se han excedido en su tratamiento y atención. Hay testimonios de tratos inhumanos con pacientes. Claro, que también es cierto, que a muchos médicos los han estigmatizado por temor a posibles trasmisores.
Y, el Estado y los gobiernos, hacen esfuerzos, dictan actos administrativos, y, exigen el cumplimiento de normas de bioseguridad, al tiempo que limitan el libre desplazamiento, obligando a la gente a guardarse en sus hogares. ¡Menuda situación!
Ahora bien, todo esto ha conllevado a una gran paradoja, a grandes contradicciones.
Resulta contradictorio que ahora que el aire está más puro, nos toque usar mascarilla.
Las vías están vacías, pero no podemos realizar los viajes que queremos.
Las personas tienen las manos limpias, pero no podemos estrecharlas ni abrazarlas.
Los amigos tienen tiempo para compartir, pero no podemos reunirnos.
Los empleados añoran su oficina, pero no pueden asistir.
Los fines de semana que antes añorábamos llegaran rápido, ahora se hacen eternos.
Los adinerados no pueden gastar su capital, y los que no lo tienen, no pueden conseguirlo.
Tenemos tiempo disponible, pero no podemos hacer las cosas que queremos.
El virus está entre nosotros y en todas partes, pero ni siquiera podemos verlo.
Los unos culpan a los otros, y éstos, dicen que son inocentes.
La gente está más conectada que nunca, pero relaciones sociales no se dan.
Los niños que otrora se alegraban cuando no había clase, ahora desean la escuela.
Los profesores que reñían con sus alumnos, ahora quieren estar en las aulas.
Los papás que criticaban la labor de los profesores, ahora la valoran y los admiran.
Los hijos que ignoraban a sus papás y abuelos, ahora los aprecian y escuchan sus historias.
Los que renegaban de la tecnología, ahora la aprecian y aprenden con ella.
Los compañeros de la empresa que no se conocían, ahora se conectan y hablan.
Los que menospreciaban a los humildes vigilantes y mensajeros, ahora agradecen sus servicios.
Los citadinos que menospreciaban al campesino, ahora reconocen su gran trabajo.
Muchos no leían, ahora lo hacen con pasión.
La gasolina bajó de precio, pero ahora nadie acude a ellas.
Los bancos negaban los créditos, ahora ofrecen comodidades.
Las casas permanecían vacías, ahora están llenas.
Se iba a la cama tarde la noche, ahora más temprano que nunca.
Las matrículas subían ostensiblemente, ahora se va a imponer la gratuidad.
Pero, roguemos a Dios para que esto lo podamos superar pronto, y que sirva para tener mejores personas en adelante. Sería el gran legado del virus.
