viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-07-15 02:48

La gran herencia

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 15 de 2017

Por: Luis Humberto Tovar Trujillo
 
Hemos sido invitados los huilenses y especialmente los neivanos, a vivir a diario, el martirologio, de una herencia que nos dejó particularmente el exalcalde Pedro Suarez, sin beneficio de inventario, que hace relación al estadio de futbol “Guillermo Plazas Alcid”.
Todos los fines de semana durante las transmisiones de los canales de televisión, del futbol profesional, hacen mención al cumulo de limitaciones en que se encuentran nuestros estadios de futbol, que son del Estado, y especialmente de las entidades territoriales, que se han  convertido en unos potreros de barrio que un escenario apto para el deporte de las multitudes.
Pero como si fuera poco, el estadio “Plazas Alcid”, ha merecido especial referencia, por haberse convertido por obra y gracia del gobierno anterior, en el mayor monumento a la corrupción del Huila, de Neiva en concreto, con muertos incluidos, y lo que es peor, la administración de justicia sigue guardando silencio sepulcral, sobre semejante adefesio contractual y atentado a la moralidad pública.
Desde luego, con ese silencio y con el recordatorio semanal de ese monumento a la corrupción, seguiremos padeciendo por los siglos de los siglos, la herencia que nos dejó el exalcalde mencionado.
No sobra llamar la atención, sobre conductas omisivas de la actual administración, que antes que haber llenado de combustible, entregando unos recursos al contratista, donde previamente había incurrido en una situación de desastre en la construcción, sin conocerse cómo fue atendida esa situación de riesgo, que hasta donde hemos conocido, era solamente imputable al contratista.
Lo grave de todo, es la tortura a que nos han sometido semanalmente por los medios nacionales, y la poca o nula atención de quienes administran justicia en el Huila, llegando a la indignación de los neivanos especialmente, por el silencio que se convierte en cómplice para juzgar a quienes son los responsables de estos episodios, que han conmovido, como muchos otros, la sensibles entretelas de la sociedad, que aspira aun, a que en los últimos estertores de la institucionalidad vuelvan por sus fueros.
Una herencia de destrucción, y de ruina; de un escenario que congregó a  los huilenses en muchos propósitos nobles, ahora somos víctimas por el desastre de la corrupción que se carcome a dentelladas nuestras instituciones y los mejores valores que otrora no hicieron celebres.
Seguimos en desgracia con gobernantes ineptos para lo público, pero capacitados para el desastre institucional.