La gran despensa 2
Por Fernando Bermúdez Ardila
A propósito de la publicación en su primera página del prestigioso diario “The New York Times” el domingo 12 de julio, me permitía escribir estas palabras como un mensaje que ojalá tenga eco.
Brasil, Argentina y Colombia en mayor escala, el resto de países latinoamericanos en un porcentaje menor, son vistos en el mundo por ser las grandes despensas agrícolas y pecuarias que ya alimentan el planeta, en un futuro muy próximo serán indispensables e indiscutiblemente tendrán una relevancia que los gobiernos de estos países no pueden desaprovechar para convertirla en una bonanza económica.
Colombia es de los países latinoamericanos más atrasados en políticas agroindustriales. El gobierno nacional no cuenta con una política clara que le permita tener una agenda, que por ejemplo facilite a grandes, medianos y pequeños productores del campo tener certeza de lo que sucederá en el momento de recoger sus cosechas.
No existe estudios gubernamentales sobre clasificación de tierras que establezca con seguridad a los productores del campo que productos son los ideales a sembrar, cuales ofrecen más rentabilidad para no plantar cultivos al azar, pues todas las tierras no tienen los mismos nutrientes aun estando en un mismo piso térmico.
Se debe ampliar la frontera agropecuaria en departamentos de la Orinoquia y Amazonia, qué además de estar inexplorados e inexplotados, son inmensamente ricos y aptos para su desarrollo, donde el gobierno no ha hecho presencia, ni creado la infraestructura necesaria para que estas regiones sean grandes productores del campo.
De la extensión del territorio de nuestro país, 1.141,748 km² sólo el 34% está en condiciones de productividad y de este, sólo el 52% que está cerca de las ciudades es explotado, lo que significa en sumas macro económicas; el 66% es absolutamente improductivo porque no hay infraestructura y del 34% no existen las condiciones, el 48% no está siendo explotado.
Las grandes, medianas y pequeñas ciudades del país están desbordadas por los inmensos cordones de miseria donde viven personas y familias que han sido desplazadas del campo, es obligación del Estado crear las condiciones en la Colombia inexplotada. De esta problemática surge la cifra del 66%, para que estas familias retornen a sus lugares de origen y generen riqueza para ellos, sus familias y el país.
El gran compromiso del gobierno debe ser crear colonias e infraestructura, prestar asistencia técnica, económica y comprometerse para que la productividad en el campo sea un gran negocio.
Gobierno no necesita contar con costosos equipos de asesoramiento, ni grandes genios en la materia, para discernir que los cordones de miseria en las ciudades son el combustible utilizado por grupos ilegales para reclutar sus combatientes y es el semillero de gran porcentaje de la criminalidad que tiene sumida en la inseguridad al país. Los estamentos gubernamentales deben entender que compromiso serio con el campo es una apuesta segura a la eliminación de la pobreza absoluta y a la disminución de la violencia, entre otros muchos problemas sociales que enfrenta Colombia.
