La generosidad nos hace felices
La generosidad es un valor que invita a dar con total gratuidad y libertad e invertir recursos propios en beneficio de otros, y eso arroja resultados positivos traducidos en felicidad. Sé es más feliz en la vida en cuanto más generoso se sea.
Según el libro Hechos de los Apóstoles, en el Nuevo Testamento, dice: “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Estudios científicos y la propia experiencia confirman lo afirmado: ser generoso mejora nuestro estado de ánimo y nos hace más felices.
La entrega generosa provoca felicidad. Su espíritu continuamente los impulsa al trato amigable y de ayuda a quienes los rodean. Algunas personas los hace felices dar en forma silenciosa, guardando el anonimato y al mismo tiempo, no quieren saber nada de quien lo recibe.
Por ejemplo, una investigación de la Universidad del Sur, en Sewanee, Estado en Tennessee (EE.UU.) concluye que ser bueno o generoso con los demás mejora nuestro estado de ánimo, pero además nos hace personas más felices y con mejor salud mental. Y un reciente estudio de la Universidad de Lubeck, en Alemania, ha encontrado la interacción entre las áreas del cerebro responsables de la generosidad y la felicidad.
Pero no se trata simplemente de creer en un estudio científico o en lo que dijo el libro sagrado hace más de 2.000 años. ¿Quién no ha experimentado la satisfacción o la felicidad al brindar ayuda a quien lo necesita, y más aún si esa ayuda fue determinante para solucionar una dificultad o para mejorar la vida del beneficiario?
Por ejemplo, muchas personas hoy buscan superar un mal día, una decepción, frustración o el desánimo simplemente yéndose de compras, al spa o de rumba con las amigas y/o amigos. Pero un método mucho más eficaz y altruista para lograrlo es poner en práctica la generosidad, brindando socorro a quien lo necesita.
Nuestros padres y abuelos recriminaban con frases contundentes, ‘No sea Miserable’, a la persona que no se entregaba a los demás y, al contrario, el calificativo era honorable para quien ayudara desinteresadamente y diera todo de sí por el bien de los demás.
La entrega generosa provoca felicidad. Su espíritu continuamente los impulsa al trato amigable y de ayuda a quienes los rodean. A algunas personas incluso las hace felices dar en forma silenciosa, guardando el anonimato y sin esperar recompensa o gratitud de quien recibe.
Conocí a un grupo de payasos extranjeros que recorren el sur del país, realizando sus shows y funciones completamente gratis, precisamente allí donde ha ocurrido una desgracia o una calamidad como en Mocoa, porque les encanta hacer reír a los niños.
Arman sus carpas en zonas de difícil acceso geográfico y conceden funciones a niños y adultos para que olvidaran por un momento las dificultades de la vida haciéndolos reír. Pero la risa de los payasos no era fingida o teatral era la auténtica felicidad por el deber cumplido de entregar algo a quién más lo necesita.
Por eso no ha de sorprendernos el hecho de que la generosidad conduzca a las personas a experimentar mayores emociones positivas y sentirse más realizados. Quienes realizan acciones generosas y desinteresadas en favor de otras personas, encuentran satisfacción y mejoran en gran medida su estado de ánimo, mientras que las actividades que se centran en uno mismo no producen ninguna mejora en las emociones de los participantes.
A menudo intentamos complacernos a nosotros mismos para sentirnos bien o mejor, pero la forma más eficaz de sentirnos satisfechos y felices es complaciendo a otras personas.
Ser generoso no es cuestión de altruismo o heroísmo, como la demuestran los payasos, que ayudan hacer reír aportando algo más incluso que el dinero puede ofrecer y es su tiempo, sus sueños y hasta sus vidas por los sitios lejanos y peligrosos que ellos visitan. Uno de los cuales me decía que la generosidad es la alegría. Entonces no esperemos más para experimentar esta maravillosa manera de ser felices. Tampoco es necesario experimentarlo con un desconocido, basta con amigo en problemas, un familiar afligido o un vecino necesitado.
