La fragilidad de la especie humana
Últimamente vanidosos, sobre todo después de haber constituido Imperios Históricos y haber sojuzgado con sangre y vejaciones a los humildes, los especímenes humanos han cambiado ¡Se han envanecido! La manipulación de los inventos espaciales que le han permitido salir al vecindario -a la pálida luna- y con poderosos juguetes ópticos -desde Galileo y Copérnico- mirar o adivinar el universo y sus insondables misterios, luces y sombras, fuerzas y atracciones inmensas -gravedades- explosiones magníficas que como bengalas infantiles de Navidad se suceden como notas de un piano universal en el firmamento creando a cada instante supernovas, estrellas que como nuestro sol se cansarán un día de alumbrar, calentar y atraer a sus dóciles planetas…. y jugarán a desaparecer y volver a nacer después de miles de millones de años si la casualidad de la atracción celeste entre partículas las junta nuevamente en otra estrella, solitaria o con dóciles terrones también distintos.
La especie humana, el Homo sapiens, nuestra especie, un efímero paréntesis en la vida que surgió hace unos tres mil millones de años, el hombre, una casualidad de pocos miles, no más de setenta -algunos dicen que menos- ha comenzado a presentir que no es eterna, como nada lo es en el universo. Ni siquiera escapando al vecindario, Marte o la Luna, en una nave con un buen baúl de provisiones para empezar de nuevo. Somos hechos de este mismo barro de la buena Tierra, respiramos sus humores, nos hicimos a sus calores, luces y sombras, caminamos, corremos y bailamos en consonancia con su atracción, su, y su única gravedad que es consonante con la densidad de sus entrañas y es a la cual volvemos para confundirnos otra vez con el mismo humus de las plantas que lo absorbieron mediante sus raíces y nacen y florecen nuevamente con la misma luz de nuestro sol que a todos nos calienta. Sólo que ahora, en los últimos años, nos hemos dado cuenta que también podemos ser los protagonistas de nuestra propia destrucción. Y hay motivos contundentes para pensar así.
No cuidamos nuestro planeta. Ni siquiera porque tuviéramos que cuidarlo todo. De esta gran esfera, o casi esfera, la capa que contiene la vida, todas las especies y sus hábitats, desde el fondo del mar hasta la altura a la que vuela el cóndor, es una delgada tela que no supera la milésima parte del diámetro del globo.
En el huevo, la cáscara es la centésima parte. Y este sutil lienzo lo tenemos ya arruinado. Absolutamente lleno de mugre, desde el fondo del mar donde los pececillos se alimentan -se envenenan- y se enredan con nuestros desperdicios y en la atmósfera ya no es posible respirar porque está contaminada. ¡Somos tantos seres humanos! siete mil quinientos millones este año y al final del siglo seremos -o serán, porque yo no estaré- nueve mil millones.
Contando con un atento control de natalidad. Habrá más ancianos que niños. Como sobrevivirán los unos y los otros si el trabajo de los jóvenes y adultos es lo que sostiene a los otros dos? Será la solución limitar la permanencia de…….quienes? O no permitir la nacencia de……….. quienes? Y siempre está presente la amenaza nuclear. Ahí están las bombas.
El día que un demente -que ya los hay- desde un botón, desate esa guerra….…quedará devastado el planeta. Después solo deambularán algunos medio-hombres, arrastrando a ciegas sus heridas y muriendo lentamente por la radiación que perdurará muchos años, tal vez siglos, antes que puedan salir de sus cuevas los que sabían del botón.
Con aspecto de Neardentales o Cromagnones saldrán cautelosos a disputar el planeta con una nueva especie radioactiva ya apoderada de buena parte de los restos. Y mientras tanto al sol y a sus otros planetas no les ha pasado nada. Y a las estrellas tampoco. Y a las galaxias tampoco. Solo que la raza humana olvidó el sacrificio de Cristo Jesús de Nazareth, hace 2.000 años, quién enseñó a amar a los hombres y a vivir en paz, cuando ya comenzaban a guerrear de unas maneras que nada bueno presagiaban.
El Dios Padre resolverá si deja progresar nuevamente el pedazo de planeta o lo abandona a su suerte. La raza humana será entonces otra más de las miles o millones de especies que lo han habitado y también desaparecieron o desaparecerán.
