La formación de los abogados
El ejercicio de la profesión de abogado sigue siendo tema central en estos tiempos de crisis moral por el destape de reiterados escándalos que involucran jueces, fiscales y abogados en aberrantes casos de corrupción y en los que nada menos que la dignidad de la justicia se está viendo afectada.
La formación de futuros abogados en las aulas universitarias debe tener unas exigencias superiores a las de otras profesiones, teniendo en cuenta la sensibilidad e importancia de su ejercicio, el cual debe tender hacia la búsqueda de la justicia.
Siempre se ha cuestionado el exceso de profesionales de derecho y su baja calidad ética y profesional. El síndrome de la “doctoritis” ha sido tierra fértil para la creación de nuevos programas que inician labores sin condiciones mínimas y lo que es peor, sin que la sociedad los requiera.
Muchos consideran que abrir una carrera de derecho es solo tener unas cuantas sillas, contratar a unos recién egresados sin empleo y listo. Ya están las condiciones para formar “abogados”. Sin embargo, el asunto no debe ser así.
La formación de profesionales en esta ciencia no debe tomarse a ligera. Si bien existe el derecho a acceder a la educación superior –el cual es de carácter progresivo-, este no es absoluto pues el Estado debe implementar estrategias que incentiven la creación de carreras que requiera la región, apartándose de las áreas tradicionales en las cuales existe saturación del mercado, siendo este el caso del derecho.
La formación de juristas debería iniciar con un serio proceso de selección de los futuros estudiantes. Contar además con un currículo fuerte en la formación ética, profesores e investigadores de planta con mínimo maestría o doctorado, excelentes bibliotecas, bases de datos, salas de oralidad, consultorio jurídico, grupos de investigación, bienestar universitario, etc.
Es bastante irresponsable para con quienes desean estudiar, ofrecer carreras que no cumplan al menos con estos requisitos mínimos.
La exigencia de cobertura de la educación no debe sacrificar la calidad de nuevos programas, pues la finalidad es impartir formación. No regalar títulos. (*Dir. Grupo Nuevas Visiones del Derecho – USCO).
