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Opinión/ Creado el: 2018-06-10 02:00 - Última actualización: 2018-06-10 02:01

La familia de Toño

Escrito por: Padre Manuel Antonio Parra
 | junio 10 de 2018

 

Por el P. Toño Parra Segura

 

Con una sinceridad admirable se nos presenta hoy Jesús, cumpliendo la voluntad de su Padre de anunciar el Evangelio a todo el mundo, prefiriéndole siempre aún a su más cercana familia: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”.

La respuesta es admirable y misericordiosa, pues no está negando su origen humano, sino extendiendo su capacidad salvífica a todo el que hace la voluntad de su Padre.

Sin ningún desprecio por María y sus parientes, pone su prioridad en su Padre Dios, que lo había acompañado siempre aún en medio de las persecuciones y de sus enemigos.

Ejemplo admirable de sus parientes que lo buscan con humildad y fortaleza, y también de Jesús que prefiere su calidad de ser Hijo del Padre.

Para nosotros, el bautismo es el origen de nuestro destino eterno y de nuestra pertenencia a la familia divina.

“El que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” con esa frase tenemos marcado el camino para pertenecer a su familia.

Los bautizados en la Iglesia tenemos la obligación de buscar siempre a Jesús, en medio de las dificultades del mundo de hoy.

El Evangelista San Marcos nos habla de un Cristo incomprendido por sus parientes y también por los demás, que se lanzan a una vida rara y se enfrenta a los sacerdotes poderosos del pueblo.

Cambia radicalmente los comportamientos de la familia: “Éstos son mi madre y mis hermanos… el que hace la voluntad de Dios ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Son expresiones completamente nuevas, que no entendieron ni su familia humana ni sus seguidores.

Si queremos ser, entonces, de la familia de Cristo, ya sabemos los comportamientos que Él tuvo, sin despreciar a nadie, pero colocando la voluntad de Dios por encima de los afectos humanos.

Nuestro bautismo en la Iglesia Católica nos marcó desde pequeños con una filiación Divina y ojalá que esa gracia la mantengamos siempre como un signo de amor y de gloria. Hoy está de moda el cambiar de religión, cuando el Señor a quien invocamos no está pendiente de los milagros que le pedimos. Que esta fiesta nos llene de orgullo, pero también de valentía, para no hacer quedar mal a la familia divina a la cual pertenecemos.


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