viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-11-12 04:11

La falacia y la verborrea

Escrito por: Jaime Salazar Díaz
 | noviembre 12 de 2019

Desataron la honorable renuncia del Ministro Botero. Y desataron también en el alma de los buenos colombianos la rabia por la indignidad del aleve ataque parlamentario. Vil interpretación de las circunstancias, si en algún momento el senador se detuvo a meditarlas, siquiera un minuto, antes de hablar.

Estas no acusan al honesto funcionario sino al desaforado político actuando detrás de una pírrica victoria en donde nunca defendió a los niños secuestrados por la renovada guerrilla narcotraficante. Allá en la selva de vorágine le aplauden los criminales por defenderles sus fueros. Acá en las ciudades y los pueblos, un poco más civilizados ya, lloramos por los niños.

Hasta dónde ha llegado el desaforado actuar de las veleidosas mayorías parlamentarias, huérfanas de efímero poder burocrático y sobretodo de mermelada, que ya no son capaces de entender los valores fundamentales de la democracia?  Se han trocado los intereses de la sociedad que los elige?  Premian con afán y ardentía a los malvados que siguen delinquiendo a pesar de los mil perdones otorgados. Favorecen la blandura de las normas que otorgan permisividad a los cultivos ilícitos, la madre de todos los males de Colombia. En los debates económicos se alinean con los que quieren socavar las bases de la democracia colombiana.

Se olvidan que fueron los afanes del Nobel los que limpiaron las arcas pasadas y presentes del tesoro nacional y hoy quieren que en un santiamén se corrijan las centenarias falencias de la sociedad colombiana. Sobre todo de la Colombia vulnerable. La flojedad de argumentos en las precipitadas e inoportunas conversaciones con la guerrilla de las FARC, o la falta de autoridad conceptual y política por quienes asistieron a nombre del gobierno. La permitida intromisión de abogados comunistas extranjeros dictando cátedra en tales conversaciones que han debido ocurrir solo entre colombianos puesto que la sangre derramada era solo colombiana.

No ha descollado el senador en esta ni en las anteriores legislaturas, ni sus compañeros de bancada, en la preocupación por corregir el abandono de las comunidades indígenas y afro descendientes, ni en la desigual lucha por sobrevivir de los campesinos olvidados en las cordilleras sin vías, sin servicios, sin educación, sin salud y sin esperanza. Pero sí se les conoce el afán por el manejo de las burocracias, de los presupuestos que estas manejan y de las contrataciones generosas que proporcionan jugosos dividendos inconfesables. Esos olvidos de sus deberes fundamentales son los que el pueblo colombiano no quiere que se repitan.

El descontento está a flor de piel. El Presidente Duque se comprometió con esa Colombia abandonada y a ella está atendiendo. Se comprometió con la lucha a la corrupción y eso lo está cumpliendo. Se comprometió con los guerrilleros que cumplieran con el desarme y la paz. Y los está atendiendo. Está cumpliendo con lo dicho en la Plaza Pública en la campaña.

Así a muchos les duela. O lo olviden. Y no olvide senador Barrera que ya lo dijo el inolvidable poeta en “Anarkos”, sí, el bisabuelo de Paloma Valencia: “el hombre como el huevo, en nido de amor será paloma, y en nido de dolor será serpiente”. Su discurso, senador, ha debido ser en septiembre, cuando supo de los niños secuestrados. O antes cuando debió saber que esos disidentes desalmados a quienes usted perdonó en algún momento,  continuaban reclutando  niñas y niños.